La historia parece diseñada para convertirse en una leyenda.
En 1930, un trampero llamado Joe Labelle supuestamente llegó a un pequeño asentamiento inuit cerca del lago Anjikuni, en el norte de Canadá. Conocía el lugar y esperaba encontrar a las familias que vivían allí.
Pero no había nadie.
Según el relato, las viviendas seguían llenas de pertenencias. Había comida abandonada, ropa sin terminar y perros de trineo muertos. Versiones posteriores añadieron tumbas abiertas, cuerpos desaparecidos y extrañas luces atravesando el cielo.
Un pueblo entero parecía haberse desvanecido.
El problema es que cuando se investiga el misterio del lago Anjikuni, la evidencia cuenta una historia muy diferente. No existe documentación confiable de que aquella desaparición masiva haya ocurrido.
La historia apareció en 1930
La leyenda no surgió recientemente en internet.
Una versión del relato apareció realmente en periódicos en noviembre de 1930, escrita por el periodista Emmett E. Kelleher.
El artículo hablaba de Joe Labelle y de un pequeño campamento compuesto por unas seis tiendas, donde supuestamente vivían alrededor de 25 hombres, mujeres y niños.
Labelle habría llegado buscando refugio y descubierto el lugar abandonado.
Este detalle es importante porque demuestra que la historia existía en 1930. Sin embargo, que algo aparezca en un periódico no significa automáticamente que haya sido comprobado.
Y las dudas comenzaron casi inmediatamente.
La policía no encontró evidencia del pueblo desaparecido
Después de que el relato comenzó a circular, la Real Policía Montada de Canadá recibió preguntas sobre el supuesto incidente.
Una investigación realizada poco después encontró serios problemas con la historia.
No había evidencia de una comunidad completa que hubiera desaparecido en las circunstancias descritas. Tampoco aparecieron registros policiales de una búsqueda masiva por decenas de habitantes perdidos.
La conclusión de las autoridades fue que el relato no tenía fundamento.
Incluso algunos elementos utilizados para darle credibilidad resultaron problemáticos. Una fotografía asociada con la historia no mostraba el supuesto asentamiento desaparecido, sino una comunidad fotografiada años antes.
Eso cambia completamente la naturaleza del caso.
No estamos ante una desaparición inexplicable confirmada por las autoridades. Estamos ante una historia periodística que comenzó a crecer antes de que sus afirmaciones básicas pudieran comprobarse.
De 25 personas a cientos o incluso miles
Aquí es donde el misterio del lago Anjikuni se vuelve especialmente interesante.
La primera versión hablaba de aproximadamente 25 personas.
Con el paso de las décadas, esa cifra comenzó a aumentar.
Algunos relatos mencionaron 30 habitantes. Otros hablaron de cientos. Las versiones más exageradas llegaron a afirmar que alrededor de 2,000 personas habían desaparecido.
También aparecieron nuevos detalles.
Los perros supuestamente habían muerto de hambre todavía atados. Las tumbas del cementerio habían sido abiertas y los cadáveres retirados. No existían huellas que indicaran hacia dónde había ido la población.
Después llegaron los ovnis.
Algunas versiones afirmaron que otros tramperos habían observado objetos extraños en el cielo antes de la desaparición.
Esos elementos no forman parte de una cadena sólida de documentación contemporánea. Fueron incorporándose a medida que la historia era repetida en libros y publicaciones dedicadas a fenómenos inexplicables.
Un libro ayudó a revivir el misterio
La historia permaneció relativamente olvidada durante años hasta que volvió a ganar atención en la segunda mitad del siglo XX.
El escritor Frank Edwards incluyó una versión en su libro Stranger Than Science, publicado en 1959.
Desde allí, el caso comenzó a circular ampliamente dentro de colecciones sobre misterios, desapariciones y fenómenos paranormales.
Cada nueva versión podía apoyarse en la anterior.
El resultado fue una ilusión de documentación: muchos libros contaban la historia, por lo que parecía que debía existir abundante evidencia independiente.
En realidad, gran parte del material podía rastrearse hasta un pequeño número de relatos anteriores.
También hay un problema con la palabra “pueblo”
Las versiones modernas suelen describir Anjikuni como una comunidad permanente con calles, viviendas y numerosos residentes.
Ese lenguaje puede crear una imagen engañosa de cómo vivían las poblaciones inuit de aquella región durante ese periodo.
Los grupos podían desplazarse estacionalmente según la disponibilidad de animales, pesca y otros recursos.
Encontrar un campamento vacío, por sí solo, no habría significado necesariamente que sus habitantes hubieran desaparecido.
Además, no se ha demostrado que existiera en ese lugar una población permanente del tamaño que describen las versiones más espectaculares.
Entonces, ¿Joe Labelle inventó todo?
Tampoco podemos afirmarlo con absoluta certeza.
Existió una historia periodística atribuida a Labelle. Lo que no puede establecerse con seguridad es cuánto provenía realmente de él, cuánto pudo ser malinterpretado y cuánto fue añadido o dramatizado durante el proceso de publicación.
Podría haber existido algún incidente menor detrás del relato.
Tal vez un campamento fue encontrado vacío. Quizá una historia local fue exagerada.
No existe documentación suficiente para reconstruir con confianza ese posible origen.
Lo que sí puede afirmarse es que la famosa versión del misterio del lago Anjikuni, en la que una comunidad completa desaparece instantáneamente dejando comida, armas, perros muertos y tumbas vacías, no está respaldada por evidencia histórica sólida.
El verdadero misterio es cómo sobrevivió la historia
No tenemos registros confiables de decenas o cientos de personas desaparecidas.
No tenemos una investigación policial que confirme la escena descrita por la leyenda.
Tampoco tenemos evidencia de ovnis, tumbas misteriosamente vaciadas o una evacuación inexplicable.
Sin embargo, casi un siglo después, la historia continúa presentándose como uno de los grandes misterios sin resolver de Canadá.
Quizá eso sea lo verdaderamente insólito del lago Anjikuni.
El pueblo perdido probablemente nunca desapareció.
Pero la historia sobre su desaparición resultó mucho más difícil de hacer desaparecer.