Mucho antes de los noticieros, las redes sociales o incluso los periódicos, las noticias llegaban de una forma mucho más directa: alguien caminaba por las calles y las gritaba.
Así trabajaban los pregoneros, una figura esencial en ciudades y pueblos durante siglos. Su misión era informar a toda la población sobre acontecimientos importantes en una época en la que gran parte de la gente no sabía leer ni escribir.
Cada vez que recibían un anuncio oficial, recorrían plazas y mercados haciendo sonar una campana o un cuerno para llamar la atención de los vecinos. Solo cuando todos guardaban silencio comenzaban a leer el mensaje.
Los pregoneros comunicaban prácticamente de todo. Informaban sobre nuevas leyes, aumentos de impuestos, mercados, celebraciones, nacimientos reales, condenas judiciales, personas desaparecidas, mercancías recién llegadas al puerto e incluso advertencias durante epidemias o incendios.
En muchos lugares no hablaban en nombre propio.
Representaban directamente a la autoridad local o al rey. En Inglaterra, por ejemplo, atacar o insultar a un pregonero mientras transmitía un anuncio oficial podía considerarse una ofensa contra la propia Corona, ya que se entendía que era la voz del monarca.
Aunque solemos asociarlos con la Edad Media, los pregoneros continuaron existiendo durante siglos, incluso después de la aparición de los periódicos. La razón era sencilla: buena parte de la población seguía siendo analfabeta y dependía de los anuncios públicos para mantenerse informada.
Con la llegada de la radio, la expansión de la educación y los medios de comunicación masivos, el oficio comenzó a desaparecer. Sin embargo, algunas ciudades conservaron la tradición como parte de su patrimonio histórico.
En lugares como Chester, York o Windsor, en el Reino Unido, todavía pueden verse pregoneros vestidos con uniformes tradicionales realizando anuncios ceremoniales durante festivales y eventos públicos.
Su función ya no es informar a una ciudad entera, pero mantienen vivo un oficio que durante cientos de años fue el equivalente a un periódico, una emisora de radio y un boletín oficial reunidos en una sola persona.
Los pregoneros nos recuerdan que, antes de las pantallas y las notificaciones, las noticias viajaban a pie y se transmitían con la herramienta de comunicación más poderosa de la época: la voz humana.