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Una maestra levanta una escuela entre las carpas de los damnificados en Venezuela

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La maestra Jazmín Urimare Ramírez da clases a niños este miércoles, en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

Cada mañana, Jazmín Urimare Ramírez saluda a decenas de niños dentro de una tienda de campaña convertida en salón de clases.

La llamada Escuela Urimare funciona en un refugio de Catia La Mar, en La Guaira. Esta fue la región más afectada por los dos terremotos que golpearon Venezuela el pasado 24 de junio.

Los sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron a unas 18.000 personas sin vivienda. Entre los damnificados se encuentra Ramírez, una maestra con 28 años de experiencia.

Una escuela destruida y una idea inesperada

El colegio donde trabajaba la docente se derrumbó durante los terremotos. Dos días después del desastre, Ramírez llegó al refugio instalado frente a un estadio de béisbol.

Allí observó que los niños y adolescentes pasaban el día sin actividades. Muchos permanecían despiertos hasta altas horas de la noche porque habían perdido sus rutinas escolares.

Ramírez contó a EFE que pidió ayuda mediante un estado de WhatsApp. Solicitó donaciones del libro ‘Mi Jardín’, utilizado para enseñar a leer.

La respuesta superó sus expectativas. Personas de Caracas y otras regiones comenzaron a enviar libros, cuadernos, lápices, marcadores y mesas.

La escuela improvisada también recibió un televisor, ventiladores y pupitres. Además, la diputada Yeinny Pinto donó una tienda de campaña, mientras la ministra Yelitze Santaella aportó mesas y ventiladores.

De diez estudiantes a 74

Ramírez comenzó impartiendo clases a diez niños. Con el paso de los días, la matrícula aumentó hasta alcanzar 74 estudiantes.

El crecimiento obligó a ampliar el espacio con dos nuevos toldos. Un carpintero de Maracay, ciudad ubicada a unos 150 kilómetros, envió más pupitres.

La maestra recordó que recibió la donación con enorme emoción. El apoyo le permitió organizar mejor las clases y atender a más familias del refugio.

Los alumnos estudian durante la mañana y participan en actividades recreativas por la tarde. La nueva rutina ayuda a mantenerlos ocupados y les devuelve cierta normalidad.

Ocho maestras se unen al proyecto

Otras docentes de La Guaira y Miranda decidieron colaborar con la iniciativa. Actualmente, ocho educadoras participan en el proyecto.

Los niños son divididos en pequeños grupos según sus edades. Las clases se concentran principalmente en lectura, escritura y matemáticas básicas.

Ramírez espera que más profesionales se sumen mientras el Gobierno rehabilita los centros educativos dañados.

El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, informó que el nuevo año escolar comenzará el 14 de septiembre.

Las autoridades trabajan en la reparación de al menos 1.500 colegios. De esa cantidad, aproximadamente 1.000 sufrieron daños por los terremotos y otros 500 ya formaban parte de un programa de mantenimiento.

Enseñar mientras enfrenta el cáncer

Además de haber perdido su vivienda y su escuela, Ramírez es paciente oncológica. Hace cinco años fue diagnosticada con mieloma múltiple, un cáncer que afecta las células plasmáticas de la médula ósea.

El respaldo de las otras maestras le permitió acudir a su primera consulta médica después del desastre. Ahora espera retomar su tratamiento.

Familiares que viven fuera de Venezuela y otras personas solidarias la han ayudado a pagar medicamentos.

A pesar de sus dificultades, Ramírez continúa enseñando dentro del refugio. Su escuela ofrece a los niños un espacio para aprender mientras sus familias esperan reconstruir sus vidas.

El Especialito

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