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Día de Muertos y otras sorprendentes tradiciones para recordar a quienes ya no están

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© Wpd911 | Dreamstime.com

Flores que marcan el camino de regreso a casa. Barriletes gigantes que llevan mensajes hacia el cielo. Familias que pasan el día entero junto a una tumba. Ceremonias en las que los restos de los antepasados son envueltos nuevamente en telas y celebrados con música.

La muerte provoca duelo en todas las culturas, pero la manera de recordar a quienes murieron puede ser extraordinariamente distinta.

El Día de Muertos de México es probablemente una de las celebraciones más reconocibles del mundo. Sin embargo, no es una versión universal de una misma tradición. En diferentes países existen prácticas propias, algunas religiosas y otras profundamente ligadas a comunidades específicas, que muestran algo en común: mantener viva la relación con quienes ya no están.

México: preparar el camino para que regresen

El Día de Muertos combina tradiciones indígenas anteriores a la llegada de los españoles con elementos del calendario católico que fueron incorporándose durante siglos.

La celebración no es idéntica en todo México. Las fechas, alimentos y rituales pueden cambiar según la región y la comunidad.

De manera general, el 1 de noviembre suele estar especialmente relacionado con los niños fallecidos, conocidos como “angelitos”, mientras que el 2 de noviembre se dedica a los adultos.

Las familias preparan ofrendas con fotografías, velas, alimentos y objetos vinculados con la persona recordada. El cempasúchil tiene un papel especialmente importante. Su color y aroma se utilizan simbólicamente para marcar el camino que deben seguir las ánimas.

También pueden colocarse agua, pan de muerto, frutas, copal, papel picado y los platillos favoritos del fallecido.

No se trata simplemente de decorar un altar.

Dentro de la tradición, la idea central es recibir temporalmente a los seres queridos y compartir nuevamente con ellos.

La UNESCO reconoció la festividad indígena dedicada a los muertos de México como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Guatemala: enormes barriletes para comunicarse con los antepasados

El 1 de noviembre ofrece una imagen completamente diferente en Santiago Sacatepéquez y Sumpango, Guatemala.

Allí se elaboran enormes barriletes de vivos colores que pueden requerir meses de trabajo.

La tradición comenzó entre finales del siglo XIX y principios del XX y se desarrolla durante las celebraciones de Todos los Santos y los Difuntos.

Los barriletes no son simples decoraciones.

Dentro de la tradición comunitaria se consideran una forma simbólica de conexión con los antepasados y de protección frente a espíritus negativos. Sus diseños también pueden transmitir mensajes sobre temas sociales, ambientales o comunitarios.

Algunos alcanzan dimensiones enormes y se exhiben públicamente antes de ser elevados.

En 2024, la técnica de elaboración de los barriletes gigantes de Santiago Sacatepéquez y Sumpango fue inscrita por la UNESCO en su lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Filipinas: el cementerio se convierte en lugar de reunión familiar

En Filipinas, el 1 y 2 de noviembre están marcados por Undas, nombre utilizado para las conmemoraciones de Todos los Santos y Todos los Fieles Difuntos.

Familias enteras visitan cementerios para limpiar las tumbas, encender velas, colocar flores y rezar.

Pero muchas visitas duran mucho más que unos minutos.

Es común que las familias lleven comida y permanezcan juntas durante horas. Tradicionalmente, algunas incluso pasan gran parte del día o de la noche en el cementerio.

La ocasión puede transformarse en una reunión de familiares que quizá no se ven frecuentemente.

El ambiente no elimina el duelo, pero convierte el cementerio en un espacio de convivencia y memoria, no exclusivamente de tristeza.

Madagascar: volver a envolver a los antepasados

Una de las prácticas que puede resultar más sorprendente para personas de otras culturas ocurre en las tierras altas de Madagascar.

Se llama famadihana.

En determinadas comunidades, las familias abren periódicamente tumbas familiares, retiran cuidadosamente los restos de sus antepasados y los envuelven nuevamente con telas funerarias.

Después pueden celebrarse reuniones familiares con comida, música y baile antes de devolver los restos a la tumba.

La práctica expresa la importancia de los vínculos entre las generaciones vivas y sus antepasados.

No se realiza cada año ni es una costumbre universal de todos los habitantes de Madagascar. Es una tradición relacionada con comunidades y familias específicas.

Vista fuera de su contexto puede parecer desconcertante. Dentro de ese contexto, funciona como una expresión de respeto, continuidad familiar y recuerdo.

Japón: recibir y despedir a los antepasados con luz

Japón también posee una importante tradición dedicada a los ancestros, aunque no ocurre en noviembre.

Obon se celebra generalmente durante el verano, con fechas que pueden variar según la región.

La tradición está vinculada con la creencia de que los espíritus de los antepasados regresan temporalmente al mundo de sus familias.

Se visitan tumbas, se realizan ceremonias y se utilizan luces o linternas con significados simbólicos relacionados con recibir y posteriormente despedir a los espíritus.

En diferentes comunidades también se realizan danzas conocidas como Bon Odori.

Incluir Obon junto al Día de Muertos no significa que ambas celebraciones sean equivalentes. Sus orígenes, religiones y prácticas son diferentes.

Lo que comparten es la decisión de reservar un momento para que los muertos sigan formando parte de la memoria de los vivos.

Diferentes rituales para una necesidad muy humana

No existe una manera universal de convivir con la muerte.

En México, las familias preparan el camino con flores y ofrendas.

En Guatemala, enormes barriletes llenan el cielo.

En Filipinas, los cementerios reciben reuniones familiares.

En ciertas comunidades de Madagascar, los antepasados son nuevamente envueltos y celebrados.

En Japón, las luces acompañan simbólicamente su llegada y despedida.

Algunas de estas prácticas pueden resultar sorprendentes cuando se observan desde fuera. Pero reducirlas simplemente a “tradiciones extrañas” perdería lo más importante.

Todas responden, de maneras distintas, a una pregunta que prácticamente todas las sociedades han tenido que enfrentar: ¿qué hacemos con el vínculo que permanece cuando alguien muere?

Las respuestas cambian.

La necesidad de recordar, no tanto.

El Especialito

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