La tarde del 6 de mayo de 1937, cientos de personas esperaban en Lakehurst, Nueva Jersey, la llegada de uno de los vehículos más impresionantes jamás construidos.
El Hindenburg había cruzado el Atlántico desde Alemania y se preparaba para aterrizar cuando comenzó a arder.
En aproximadamente medio minuto, el gigantesco dirigible quedó envuelto en llamas y cayó al suelo.
La tragedia dejó 36 muertos y produjo algunas de las imágenes más reconocibles del siglo XX. También generó una pregunta que continúa despertando interés casi 90 años después: ¿qué provocó el incendio?
A diferencia de muchas historias rodeadas de misterio, los investigadores conocen bastante sobre lo ocurrido aquella tarde. Sin embargo, el punto exacto de ignición nunca pudo establecerse con absoluta certeza.
El gigante que cruzaba el Atlántico
El LZ 129 Hindenburg era un dirigible alemán construido por la compañía Zeppelin.
Medía unos 245 metros de longitud, más de tres veces la longitud de un Boeing 747-8. En su interior había espacios para pasajeros que incluían camarotes, comedores y salones.
Durante 1936 realizó viajes comerciales entre Alemania y destinos en América del Norte y del Sur.
Los dirigibles ofrecían una forma de cruzar el Atlántico por aire cuando los vuelos comerciales de larga distancia todavía estaban desarrollándose.
Pero el Hindenburg tenía una característica fundamental para entender la tragedia.
Estaba lleno de hidrógeno.
El diseño había contemplado el uso de helio, un gas que no es inflamable. Sin embargo, Estados Unidos controlaba gran parte del suministro mundial de helio y mantenía restricciones sobre su exportación. Por eso, el Hindenburg operó con hidrógeno, mucho más fácil de obtener, pero altamente inflamable.
La llegada a Lakehurst
El Hindenburg salió de Frankfurt el 3 de mayo de 1937 con destino a la Naval Air Station Lakehurst.
El viaje sufrió retrasos por las condiciones meteorológicas.
Finalmente, durante la tarde del 6 de mayo, el dirigible llegó al área de Lakehurst y comenzó las maniobras para aterrizar.
Había 97 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación.
Poco después de las 7:20 p.m., mientras las líneas de amarre comenzaban a ser lanzadas hacia tierra, apareció fuego cerca de la parte trasera del dirigible.
Las llamas se extendieron con una velocidad extraordinaria.
36 personas murieron
De las 97 personas a bordo, 35 murieron.
También falleció un miembro del personal de tierra, elevando el total a 36 víctimas.
El hecho de que 62 personas a bordo sobrevivieran puede resultar sorprendente cuando se observan las imágenes del incendio.
La aeronave todavía estaba relativamente cerca del suelo. Algunos pasajeros y tripulantes pudieron saltar mientras la estructura descendía, mientras otros escaparon después del impacto.
Aun así, el desastre ocurrió frente a fotógrafos, camarógrafos y periodistas que habían acudido para documentar una llegada rutinaria.
Eso cambió la manera en que el mundo experimentó la tragedia.
“Oh, the humanity”
Una de las grabaciones más famosas fue realizada por el reportero de radio Herbert Morrison.
Morrison describía la llegada cuando el Hindenburg comenzó a incendiarse.
Su narración, marcada por la conmoción mientras observaba la tragedia, incluyó la expresión que posteriormente se haría célebre: “Oh, the humanity”.
La grabación no fue una transmisión nacional en vivo, como a veces se supone. Fue registrada en el lugar y difundida posteriormente.
Las fotografías, el noticiero cinematográfico y el audio ayudaron a convertir el desastre en uno de los primeros grandes acontecimientos tecnológicos modernos ampliamente preservados por medios audiovisuales.
¿Qué inició el incendio?
La explicación más aceptada involucra una fuga de hidrógeno y una fuente de ignición, probablemente una descarga electrostática.
Las condiciones meteorológicas habían incluido tormentas, y el dirigible podía haber acumulado una diferencia de carga eléctrica respecto al suelo durante las maniobras de aterrizaje.
Una fuga de hidrógeno en la parte trasera habría creado una mezcla extremadamente inflamable.
Una chispa pudo encenderla.
Sin embargo, los investigadores no pudieron determinar de manera definitiva qué produjo la fuga inicial ni identificar con absoluta certeza el mecanismo exacto que encendió el fuego.
También se propusieron otras hipótesis.
¿Fue sabotaje?
La posibilidad de sabotaje apareció casi inmediatamente.
El Hindenburg pertenecía a la Alemania nazi y llevaba símbolos del régimen en su cola. En el contexto político de la década de 1930, la idea de un ataque deliberado no parecía imposible.
Se investigaron diferentes posibilidades.
Sin embargo, nunca apareció evidencia convincente que demostrara que una bomba o un saboteador provocaron el desastre.
La hipótesis de un accidente relacionado con el hidrógeno y la electricidad estática continúa siendo mucho más consistente con la evidencia disponible.
El final de una era
El desastre no fue la única razón por la que desaparecieron los grandes dirigibles comerciales.
La aviación ya estaba avanzando rápidamente y los aviones podían ofrecer viajes cada vez más rápidos y eficientes.
Pero las imágenes del Hindenburg destruyeron gran parte de la confianza pública en los dirigibles llenos de hidrógeno.
La visión de una aeronave presentada como símbolo del futuro convirtiéndose en una estructura en llamas tuvo un impacto difícil de revertir.
Los planes para desarrollar servicios comerciales similares perdieron impulso.
Lakehurst conserva la historia
El lugar del desastre se encuentra dentro de lo que hoy forma parte de Joint Base McGuire-Dix-Lakehurst.
Un marcador conmemora el punto donde cayó el Hindenburg.
La tragedia ocurrió hace casi nueve décadas, pero las imágenes continúan apareciendo cada vez que se habla de grandes desastres tecnológicos.
No existe un misterio sobre si el Hindenburg ardió debido a algo sobrenatural.
Sabemos que el hidrógeno se incendió.
Lo que permanece abierto es una cuestión más precisa: exactamente cómo comenzó la secuencia que permitió que ese gas escapara y encontrara una fuente de ignición.
En Lakehurst, bastaron segundos para convertir uno de los mayores símbolos de la ingeniería de su época en la imagen que ayudaría a terminar con toda una era del transporte.










