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Las historias que nos quitaban el sueño

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Por Vanessa Escobar

Fotos: Dreamstime

Mucho antes de las películas de terror, muchos crecimos con cuentos que llegaban de boca de nuestros abuelos. Y ellos, por supuesto, juraban que habían pasado de verdad.

El miedo, para muchos, llegó antes que las películas de terror.

Llegó sentado en la sala mientras un abuelo bajaba la voz para contar algo que supuestamente había ocurrido en el pueblo. También llegaba a la hora de dormir.

Una historia que había empezado como entretenimiento podía terminar obligándonos a mirar dos veces hacia el pasillo antes de cerrar los ojos.

Cada familia parecía tener la suya.

En algunas casas era La Llorona. En otras aparecía El Cuco cuando un niño no quería dormir o insistía en hacer exactamente lo que le habían prohibido.

Para muchas familias dominicanas estaba La Ciguapa. Según la historia, se escondía en lugares apartados y podía reconocerse por sus pies orientados hacia atrás.

Varias generaciones también crecieron escuchando hablar del Chupacabras como si pudiera aparecer detrás de una casa en cualquier momento.

Lo mejor, o quizá lo peor, era la seguridad con la que los adultos contaban estas historias.

Rara vez se presentaban como una leyenda que alguien había escuchado alguna vez. Siempre había un vecino que lo vio, un primo que conocía a alguien o un tío que podía señalar exactamente dónde había sucedido.

Cuanto más preguntabas, más detalles aparecían.

Algunas historias tenían además una utilidad bastante práctica.

Si un niño no debía acercarse al río, quedarse afuera después de cierta hora o alejarse demasiado de la casa, una criatura esperando en la oscuridad podía ser mucho más convincente que una explicación larga.

El miedo hacía el resto.

Los relatos cambiaban según el país.

En Venezuela y Colombia, El Silbón aparece en historias sobre una presencia que anuncia su llegada con un silbido.

En varias partes de Centroamérica se habla de El Cadejo, una criatura parecida a un gran perro cuya historia cambia según la región.

En República Dominicana, La Ciguapa ocupa su propio lugar en el folclore.

México y otros países conservan distintas versiones de La Llorona. Mientras tanto, El Cuco consiguió algo todavía más impresionante: aparecer bajo distintos nombres en hogares de todo el mundo hispano.

El Chupacabras pertenece a otra generación de miedo.

Su fama explotó en Puerto Rico durante la década de 1990. Entonces comenzaron a circular historias sobre animales encontrados muertos en circunstancias extrañas.

Después llegaron los titulares, los programas de televisión y versiones cada vez más elaboradas.

Para muchos millennials latinos, probablemente fue una de las primeras criaturas que conocieron casi al mismo tiempo por la familia y por los medios.

Para los hijos y nietos de inmigrantes, estas historias también viajaron.

Una familia podía terminar viviendo en Nueva York o Nueva Jersey, muy lejos del monte, el camino o el río donde supuestamente había ocurrido todo.

Sin embargo, el cuento llegaba completo.

Un niño nacido aquí podía saber perfectamente quién era La Llorona porque alguien en casa se había encargado de presentársela.

Con los años empezamos a hacer las preguntas que de pequeños no se nos ocurrían.

¿Quién vio eso exactamente? ¿Cómo podían existir tantas versiones diferentes? ¿Por qué todas las familias conocían a alguien que conocía a alguien?

Para entonces daba igual.

Las historias ya habían hecho su trabajo.

Quizá por eso todavía funcionan, aunque ya no las creamos.

Basta escuchar uno de esos nombres para recordar quién nos contó la historia por primera vez.

Ya no esperamos que El Cuco aparezca si nos quedamos despiertos. Pero seguimos recordando perfectamente lo que se sentía pensar que podía hacerlo.

Ahora podemos buscar explicaciones y cuestionar cada detalle.

Pero cuando alguien baja la voz y comienza con un “esto pasó de verdad”, ocurre algo bastante familiar: todos dejamos de hablar para escuchar qué pasó después.

LOS NOMBRES QUE DABAN MIEDO

La Llorona

Una mujer que vaga llorando por sus hijos. La historia tiene muchas versiones y cambia según el país, pero su llanto nocturno ha pasado de una generación a otra.

El Cuco

La amenaza que aparecía cuando un niño no quería dormir o no hacía caso. Ni siquiera hacía falta describirlo demasiado. Decir “viene el Cuco” podía ser suficiente.

La Ciguapa

Figura del folclore dominicano descrita en muchas versiones como una mujer que vive en zonas apartadas y tiene los pies orientados hacia atrás.

El Chupacabras

Se hizo famoso en Puerto Rico en los años 90 a partir de relatos sobre ataques a animales. Después pasó rápidamente a conversaciones, periódicos y televisión en gran parte del mundo latino.

El Silbón

Una figura conocida en relatos de Venezuela y Colombia. Su nombre viene del silbido que, según las historias, anuncia su presencia.

El Cadejo

Una criatura presente en distintas tradiciones centroamericanas, especialmente en Guatemala y El Salvador. Suele describirse como un perro grande o una presencia canina que aparece durante la noche.

PREGUNTA PARA NUESTROS LECTORES

¿Qué historia te contaban tus abuelos que de niño jurabas que era verdad?

¿Tienes una de esas historias en tu familia? Escríbenos por DM: @ElEspecialitoUSA

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