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Las amenazas extremas se convierten en una herramienta recurrente de Trump

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El presidente de EE.UU., Donald Trump, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/JIM LO SCALZO / POOL

La última amenaza de Donald Trump consiste en aplicar posibles embargos comerciales para presionar a la Reserva Federal a reducir los tipos de interés. Antes planteó anexionar Canadá y Groenlandia, recuperar el canal de Panamá, apropiarse de Gaza o destruir la civilización iraní.

Desde que regresó a la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha convertido las amenazas de consecuencias extremas en una herramienta recurrente de su Gobierno.

Ese modelo alcanzó un nuevo nivel cuando Trump advirtió a la Reserva Federal, una institución independiente, que dejaría de comerciar con países con los que Estados Unidos mantiene déficits si no reduce los tipos de interés. El mandatario vinculó ambas cuestiones bajo la premisa de que importar más bienes de los que se exportan equivale a perder dinero. The Straits Times

“Podríamos hacernos un enorme favor simplemente dejando de comerciar con países”, dijo el mandatario. Trump puso como ejemplo a la Unión Europea y añadió que Estados Unidos debería tener los tipos de interés “más bajos del mundo”.

Consecuencias extremas para aliados y adversarios

La declaración resume una estrategia utilizada repetidamente durante los casi 20 meses transcurridos desde su segunda investidura. Trump plantea inicialmente consecuencias extremas, desde aranceles prohibitivos hasta la absorción territorial o la destrucción militar, para presionar a Gobiernos, instituciones o individuos.

En algunos casos, la retórica ha alcanzado dimensiones apocalípticas. El pasado 7 de abril, durante la guerra con Irán, Trump advirtió en Truth Social que “una civilización entera morirá esta noche” si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz. CBS News

También amenazó con destruir todos los puentes y centrales eléctricas iraníes, aunque finalmente no lo hizo. El papa León XIV calificó de “verdaderamente inaceptable” la amenaza contra el pueblo iraní. Associated Press

Sin embargo, las amenazas también han alcanzado a aliados tradicionales de Estados Unidos. Trump ha insistido desde el comienzo de su mandato en que Canadá debería convertirse en el estado número 51.

Cuando el primer ministro canadiense, Mark Carney, le dijo en mayo de 2025 que su país “nunca estará en venta”, Trump respondió: “Nunca digas nunca”.

Respecto a Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca y parte de otro país miembro de la OTAN, declaró ante el Congreso en marzo de 2025: “De una forma u otra, vamos a conseguirla”.

Durante su discurso de investidura del 20 de enero de 2025, también anunció que Estados Unidos recuperaría el canal de Panamá.

“Se lo dimos a Panamá y vamos a recuperarlo”, afirmó.

Semanas después añadió Gaza a sus propuestas territoriales. Trump planteó que Estados Unidos tomara el control de la Franja, trasladara a los palestinos a otros países y desarrollara el territorio como un destino turístico.

La amenaza radical como táctica negociadora

Aliados de Trump, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, han restado importancia a las amenazas más extremas del presidente. En cambio, presentan sus palabras como parte de una táctica de negociación.

“Trump no va a empezar lo que ve como una negociación o conversación renunciando de antemano a instrumentos de presión; es una táctica habitual del mundo empresarial aplicada a la política exterior”, declaró Rubio en enero de 2025.

El funcionario hizo esas declaraciones cuando las amenazas de Trump de anexionar Groenlandia generaron alarma en Europa.

La coerción económica constituye otro de los instrumentos preferidos del mandatario. Trump ha amenazado con aranceles de al menos el 100 % contra los países BRICS si intentan sustituir al dólar.

Asimismo, ha planteado gravámenes del 200 % sobre los vinos y otras bebidas alcohólicas procedentes de Europa.

Las restricciones impuestas por el Tribunal Supremo

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anticipó en febrero la posibilidad de recurrir a medidas comerciales más drásticas. Sus declaraciones se produjeron después de que el Tribunal Supremo limitara la capacidad de Trump para imponer aranceles.

“El Tribunal Supremo le ha quitado capacidad de presión al presidente, pero, en cierto modo, ha hecho que la capacidad de presión que conserva sea más draconiana, porque reconoció que sí tiene derecho a imponer un embargo total”, explicó Bessent. CBS Texas

Las amenazas tampoco se limitan a la política exterior. Trump amenazó con retirar a la Universidad de Harvard su exención fiscal y reclamó actuaciones de la Comisión Federal de Comunicaciones contra medios y periodistas críticos.

“Llega un punto en el que el cumplimiento de las promesas de campaña se basa solo en imágenes de antagonismo contra los enemigos políticos de la Administración y sus simpatizantes”, indicó a EFE el filósofo y profesor de la Universidad de Georgetown Olúfẹ́mi O. Táíwò.

Durante el segundo mandato de Trump, la amenaza de aplicar consecuencias máximas se ha convertido en una parte habitual del ejercicio del poder presidencial, aunque posteriormente sea retirada, modificada o negociada.

Sus críticos, incluido el Partido Demócrata, consideran que esta práctica pone en peligro “la seguridad estadounidense y el orden internacional”.

El Especialito

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