La NASA avanza en una misión contrarreloj para rescatar el telescopio Swift, lanzado en 2004. El observatorio corre el riesgo de reingresar sin control a la atmósfera terrestre a finales de este año.
Para evitarlo, la agencia recurrió a LINK, una nave robótica desarrollada por la empresa estadounidense Katalyst Space. El vehículo despegó el 3 de julio desde las Islas Marshall a bordo de un cohete Pegasus XL.
Tras alcanzar la órbita, los equipos en tierra establecieron comunicación con la nave. Desde entonces, los controladores prueban sus sistemas antes de autorizar el acercamiento al observatorio.
Una captura sin puntos de agarre
LINK cuenta con tres brazos robóticos para capturar el telescopio Swift. Sin embargo, la tarea será especialmente compleja porque el observatorio no fue diseñado para recibir reparaciones en el espacio.
La nave deberá aproximarse lentamente y tomar fotografías para identificar dónde puede sujetarlo. Swift no tiene asas ni puntos de anclaje preparados para una operación de este tipo.
Además, ambos vehículos se desplazan a gran velocidad alrededor de la Tierra. Por esa razón, cualquier error durante el encuentro podría dañar el telescopio o comprometer toda la misión.
La NASA calcula que el acercamiento y la captura podrían tardar cerca de un mes. Antes de comenzar, LINK deberá completar todas sus pruebas y demostrar que funciona correctamente.
Meses para elevar su órbita
Una vez asegurado el telescopio, la nave comenzará a empujarlo hacia una órbita más alta. Esa etapa podría extenderse durante varios meses debido a la precisión requerida.
El objetivo es devolver el observatorio cerca de la altura que tenía cuando fue lanzado. Después, LINK lo liberará y los técnicos intentarán reactivar sus instrumentos científicos.
Según la NASA, la recuperación total podría tomar otro mes o más. No obstante, salvar el observatorio costaría menos que desarrollar una misión capaz de reemplazar todas sus funciones.
Swift no tiene un motor que le permita corregir su trayectoria. Aunque la atmósfera es muy tenue a esa altura, todavía genera resistencia y reduce su velocidad. Como consecuencia, el observatorio pierde altitud de manera gradual.
Una misión que podría marcar un precedente
Valorado en unos 500 millones de dólares, el telescopio Swift estudia los estallidos de rayos gamma. Estas explosiones se encuentran entre los fenómenos más potentes conocidos en el universo.
Si la operación tiene éxito, será la primera vez que una nave privada capture un satélite gubernamental no tripulado. También será la primera intervención sobre un aparato que nunca fue preparado para recibir mantenimiento orbital.
Asimismo, la misión servirá como prueba para futuros servicios de reparación y extensión de vida útil. Esas tecnologías podrían reducir costos y evitar la pérdida de otros satélites científicos.
El telescopio Hubble también pierde altura de manera gradual y no cuenta con un motor propio. Por ahora, la NASA no tiene planes para elevar su órbita. Sin embargo, los resultados obtenidos con LINK podrían orientar futuras decisiones sobre ese observatorio y otras misiones espaciales.










