Veinticinco años después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el trabajo de identificación de las víctimas del World Trade Center todavía no ha terminado.
En agosto de 2026, la Oficina del Médico Forense de Nueva York anunció una nueva identificación. Era una mujer adulta cuyo nombre se mantiene privado por petición de su familia. Se convirtió en la víctima número 1,654 identificada desde los ataques y en la primera reconocida mediante una nueva herramienta: la genealogía genética forense investigativa.
El avance representa el capítulo más reciente de una de las investigaciones forenses más grandes y complejas realizadas en Estados Unidos. También demuestra algo extraordinario sobre la identificación de víctimas del 9/11: una muestra que no proporcionaba suficientes respuestas hace 20 años puede hacerlo hoy gracias a tecnologías que entonces ni siquiera estaban disponibles.
Un desafío forense sin precedentes
La magnitud de la destrucción del World Trade Center creó condiciones extremadamente difíciles para los especialistas.
El colapso de los edificios produjo una enorme fragmentación. Además, muchas muestras estuvieron expuestas a temperaturas extremas, humedad y otros factores ambientales que deterioraron el ADN antes de que pudieran recuperarse.
Normalmente, los científicos pueden identificar restos comparando un perfil genético con una muestra de referencia. Esta puede proceder directamente de la persona, por ejemplo, de un cepillo de dientes conservado por su familia, o de familiares biológicos cercanos.
Pero el ADN se degrada con el tiempo y las condiciones extremas pueden romperlo en fragmentos diminutos.
Para imaginar el problema, el científico John Butler, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, lo comparó con intentar realizar una llamada cuando solo se conservan algunos números de un teléfono. No basta con encontrar ADN. Es necesario recuperar suficientes fragmentos útiles para establecer una coincidencia confiable.
El 9/11 obligó a desarrollar nuevas herramientas
Cuando las técnicas convencionales comenzaron a alcanzar sus límites, los científicos tuvieron que desarrollar métodos diferentes.
Investigadores crearon pruebas conocidas como miniSTR, diseñadas para analizar segmentos de ADN más pequeños. Debido a su tamaño, estos fragmentos tenían mayores probabilidades de permanecer intactos dentro de muestras extremadamente degradadas.
La técnica produjo resultados importantes. Según NIST, más del 20 % de las identificaciones realizadas durante una etapa de la investigación utilizaron resultados obtenidos mediante estas pruebas. La tecnología desarrollada como consecuencia del 9/11 posteriormente encontró aplicaciones en otras investigaciones forenses.
Pero incluso entonces quedaron muestras que no podían proporcionar suficiente información.
En lugar de considerarlas definitivamente imposibles de identificar, la Oficina del Médico Forense las conservó para poder analizarlas nuevamente cuando la ciencia avanzara.
Volver a probar el mismo ADN décadas después
Esa decisión ha permitido identificaciones muchos años después de los ataques.
Una de las herramientas más importantes ha sido la secuenciación de nueva generación, conocida como next-generation sequencing. Es más sensible que métodos convencionales y puede recuperar información genética de muestras difíciles y altamente degradadas.
En 2023, por ejemplo, Nueva York anunció dos nuevas identificaciones obtenidas después de más de dos décadas de intentos anteriores sin resultados concluyentes. En 2025 se identificaron otras tres víctimas mediante análisis avanzados y nuevas muestras de referencia proporcionadas por familiares.
Los científicos también continúan relacionando nuevos fragmentos con personas que ya habían sido identificadas, permitiendo devolver restos adicionales a sus familias.
Una nueva herramienta en 2026
El avance anunciado en agosto de 2026 abrió otra posibilidad.
La genealogía genética forense investigativa, conocida como FIGG, combina tecnologías especializadas de ADN con investigación genealógica. En lugar de depender únicamente de una coincidencia directa con una muestra familiar previamente disponible, los investigadores pueden utilizar relaciones genéticas para generar pistas sobre la identidad de una persona.
Esas pistas no constituyen por sí mismas una identificación definitiva. La Oficina del Médico Forense debe confirmarlas posteriormente mediante ADN u otros métodos forenses.
La primera aplicación exitosa de FIGG para identificar a una víctima anteriormente desconocida del World Trade Center llegó casi exactamente 25 años después de los ataques.
Más de mil personas todavía esperan ser identificadas
El progreso científico también deja clara la enorme dimensión del trabajo pendiente.
De las 2,753 personas que murieron en los ataques al World Trade Center, 1,654 habían sido identificadas hasta agosto de 2026. Otras 1,099, aproximadamente el 40 %, permanecen sin identificar.
Los restos que todavía no han podido ser identificados se mantienen bajo el cuidado de la Oficina del Médico Forense. Existe un repositorio especialmente diseñado dentro del complejo del 9/11 Memorial, aunque las pruebas científicas no se realizan allí.
La identificación de víctimas del 9/11 continúa porque la ciencia forense no es estática.
Una muestra puede permanecer durante años sin ofrecer respuestas y después revelar información gracias a una técnica más sensible, una nueva muestra familiar o un método que todavía no existía cuando fue analizada por primera vez.
Por eso, 25 años después, los científicos siguen regresando al mismo material.
No porque hayan olvidado lo que ocurrió, sino precisamente porque no han dejado de buscar respuestas para quienes todavía esperan una.