La Unesco declaró este viernes el yacimiento arqueológico de Sebastia, en Cisjordania ocupada, como Patrimonio Mundial y lo incluyó al mismo tiempo en su lista de sitios en peligro. La decisión fue tomada por el Comité del Patrimonio Mundial reunido en Busán, Corea del Sur, mediante un procedimiento de urgencia por las amenazas que enfrenta el enclave.
La inscripción de Sebastia Patrimonio Mundial fue impulsada por la delegación palestina, que alertó sobre el riesgo de expropiación de terrenos por parte de Israel y sobre la necesidad de preservar un sitio con enorme valor histórico, arqueológico y religioso.
La Unesco registra a Sebastia como sitio del Estado de Palestina, inscrito en 2026 bajo el criterio cultural iii, con 79 hectáreas de propiedad protegida y una zona de amortiguamiento de 63 hectáreas. También figura desde este año en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro.
Una decisión con fuerte carga política
La decisión llegó tras un largo debate sobre reglas de procedimiento. La República Checa, contraria a la inclusión de Sebastia, pidió una votación, pero esta no se realizó por la oposición del resto de países.
El representante palestino celebró la decisión como un momento histórico para Sebastia, Palestina y la Convención del Patrimonio Mundial. También destacó que los habitantes de la localidad han protegido el yacimiento durante generaciones, pese a restricciones vinculadas a la ocupación.
Israel rechazó la medida y la calificó como una decisión politizada. La delegación israelí sostuvo que ninguna resolución de la Unesco puede romper la conexión del pueblo judío con la Tierra de Israel. Israel dejó la Unesco en 2019 tras acusar al organismo de sesgo contra el país.
Qué está en disputa
Israel ha iniciado un proceso para expropiar unas 180 hectáreas de la acrópolis y terrenos cercanos, donde busca desarrollar el llamado Parque Nacional de Samaria, orientado al turismo israelí en territorio ocupado.
Ese plan ha generado rechazo palestino porque podría limitar el acceso de la población local al sitio y afectar terrenos privados. The Guardian reportó en febrero que el proyecto contemplaba infraestructura turística, cercas y áreas de estacionamiento, mientras residentes palestinos y críticos lo denunciaban como una apropiación de patrimonio y tierra bajo ocupación.
Para los palestinos, la inscripción de Sebastia Patrimonio Mundial no solo protege piedras antiguas. También reconoce una relación viva entre el pueblo, su historia y un paisaje cultural que ha pasado por muchas civilizaciones.
Un sitio con capas de historia
Sebastia tiene una historia extensa. Sus orígenes se remontan a los siglos VIII y IX a.C., cuando el área fue vinculada con la antigua Samaria, capital del Reino de Israel.
Más tarde, el sitio tuvo presencia helenística y romana. Durante el periodo romano, Herodes I impulsó construcciones y lo renombró Sebaste. En época bizantina se levantó una basílica asociada con la tradición de Juan el Bautista, y en el siglo XI los cruzados construyeron allí una catedral.
Tras la conquista islámica, se alzó una mezquita dedicada al profeta Yahya, nombre árabe de Juan el Bautista. Luego, Sebastia pasó a formar parte del Imperio Otomano junto con el resto de Palestina.
Un pueblo dividido por Oslo
La localidad de Sebastia está atravesada por la división administrativa establecida en los Acuerdos de Oslo II. El yacimiento se encuentra en el área C, bajo control militar y administrativo israelí, mientras que el pueblo, de unos 3.600 habitantes, está en el área B, con administración palestina y control militar israelí.
Esa división complica la gestión del sitio. También explica por qué el debate arqueológico se mezcla con disputas territoriales, turismo, soberanía y memoria histórica.
La decisión de la Unesco no resolverá por sí sola el conflicto sobre Sebastia. Pero sí aumenta la presión internacional para conservar el yacimiento y revisar cualquier intervención que pueda afectar su valor patrimonial.
Sebastia Patrimonio Mundial entra ahora en una lista que exige atención urgente. Su historia no pertenece a una sola época ni a una sola comunidad. Precisamente por eso, protegerla será una prueba difícil para la política, la arqueología y la diplomacia.