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El vuelo que se incendió en JFK y del que escaparon las 139 personas a bordo

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Aproximadamente a las 13:10, hora estándar del este, del 12 de noviembre de 1975, el vuelo 032 de Overseas National Airways (ONA), un avión McDonnell Douglas modelo DC-10-30, se estrelló mientras intentaba despegar del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) de Nueva York. Autor: Foto de la FAA vía Wikimedia Commons.

El 12 de noviembre de 1975, un enorme DC-10 comenzó a despegar del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York. Minutos después, el avión estaba fuera de la pista, rodeado por combustible y consumido por un incendio. A pesar de la destrucción, las 139 personas que viajaban a bordo sobrevivieron.

El accidente del vuelo ONA 032 se convirtió en un ejemplo extraordinario de cómo el entrenamiento y una evacuación rápida pueden impedir una tragedia incluso cuando un avión queda completamente destruido.

El vuelo pertenecía a Overseas National Airways y no transportaba pasajeros comerciales. A bordo viajaban 128 empleados de la compañía, además de una tripulación de 11 personas. Se dirigían a Arabia Saudita, con una escala prevista en Frankfurt, para participar en operaciones de vuelos chárter.

El DC-10 estaba cargado con una gran cantidad de combustible y se encontraba cerca de su peso máximo permitido. El capitán solicitó utilizar la pista 13R porque era la más larga de JFK. La pista había permanecido inactiva durante parte del día por condiciones de viento y restricciones de ruido, y el ONA 032 sería el primer avión en utilizarla aquella tarde.

Cuando el avión superó los 100 nudos durante la carrera de despegue, el capitán vio una gran bandada de gaviotas sobre la pista. Las aves levantaron vuelo, giraron y volvieron a colocarse frente al avión. La tripulación estimó que el aparato pudo haber golpeado cerca de un centenar.

El capitán decidió cancelar el despegue antes de alcanzar la velocidad límite para continuar. Era la decisión correcta, pero el avión ya avanzaba a gran velocidad y comenzaron a fallar varios sistemas casi al mismo tiempo.

El motor número tres sufrió una destrucción interna después de ingerir varias aves, según la conclusión de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte. La falla inutilizó parte del sistema hidráulico, redujo la capacidad de frenado y dejó fuera de servicio el reversor de empuje de ese motor. Varios neumáticos también se desintegraron y la pista estaba mojada, lo que dificultó todavía más detener el avión.

Al darse cuenta de que no podría frenar antes del final de la pista, el capitán giró hacia una calle de rodaje para evitar una barrera situada más adelante. Durante la maniobra, el tren de aterrizaje derecho colapsó y el ala golpeó el suelo.

El impacto rompió la estructura del ala y perforó tanques que contenían combustible. Grandes cantidades de combustible comenzaron a derramarse y se incendiaron. El fuego se extendió rápidamente por el exterior del DC-10 hasta destruir prácticamente todo el avión.

Dentro de la cabina también aparecieron humo negro y confusión. El micrófono del sistema de anuncios se había desplazado durante el accidente, por lo que los pilotos no pudieron transmitir una orden formal de evacuación.

Para entonces, los ocupantes ya estaban saliendo.

La mayoría de los pasajeros eran tripulantes capacitados u otros empleados de la aerolínea familiarizados con el DC-10, sus salidas y los procedimientos de emergencia. En lugar de esperar instrucciones completas, reconocieron el peligro y comenzaron a evacuar mediante los toboganes. Los pilotos escaparon utilizando las ventanas y cuerdas de emergencia de la cabina.

No todos salieron ilesos. Dos personas sufrieron heridas graves y otras 30 resultaron con lesiones menores, principalmente durante la evacuación. Sin embargo, nadie murió.

La investigación destacó expresamente la formación de los ocupantes. La NTSB consideró que la salida rápida y exitosa se debió parcialmente a que casi todos eran trabajadores de la industria aérea con conocimientos sobre el avión y sus procedimientos de evacuación. También advirtió que un vuelo normal, lleno de pasajeros sin entrenamiento, podría haber sufrido problemas mucho más graves.

El accidente del vuelo ONA 032 también reveló fallas importantes en el control de aves de JFK. La investigación concluyó que el programa existente no había controlado eficazmente el peligro y que la pista no había sido revisada adecuadamente antes de volver a utilizarse. El caso produjo recomendaciones relacionadas con el control de fauna, la resistencia de los motores ante impactos de aves y los sistemas de seguridad de las aeronaves.

El avión quedó reducido a restos quemados, pero todas las personas a bordo lograron alejarse antes de que el fuego tomara la cabina. No fue simplemente suerte ni un milagro sin explicación. Fue el resultado de una decisión rápida en la cabina, una evacuación inmediata y decenas de personas que, cuando el avión comenzó a arder, ya sabían exactamente lo que debían hacer.

El Especialito

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