Cabo Verde pasó de ser una debutante improbable a convertirse en uno de los grandes ejemplos del Mundial 2026. La selección africana avanzó invicta a los dieciseisavos de final en su primera participación mundialista y, según el exjugador suizo-caboverdiano Gelson Fernandes, su federación ya puede ser vista como un modelo para otros países del continente.
Fernandes, actual director regional para África de la FIFA, destacó el trabajo de la federación caboverdiana pese a las dificultades naturales de organizar fútbol en un archipiélago. Cabo Verde está formado por diez islas, tiene alrededor de medio millón de habitantes y se encuentra en el océano Atlántico, a unos 600 kilómetros de la costa de Senegal. Esa geografía implica retos logísticos, de infraestructura y de desarrollo que hacen todavía más grande su logro.
La selección logró clasificarse a la ronda eliminatoria en un grupo durísimo, junto a España, Uruguay y Arabia Saudita. España y Uruguay son campeonas del mundo, pero Cabo Verde resistió, compitió y sumó tres empates que le permitieron avanzar como segunda de grupo. Con ese resultado, se convirtió en el país más pequeño por población en alcanzar una fase eliminatoria de un Mundial masculino.
Para Fernandes, el éxito no es casualidad. El exmediocampista, nacido en Cabo Verde e internacional con Suiza, explicó que el país ha sabido aprovechar los recursos de la FIFA para mejorar su estructura futbolística. Según sus declaraciones, el trabajo conjunto ha incluido soluciones para garantizar competencia, desarrollar campeonatos, transferir conocimientos a árbitros y entrenadores, y fortalecer distintos niveles del fútbol nacional.
La FIFA desarrolla varios proyectos en el país, entre ellos la construcción de campos, la renovación de estadios y el apoyo a las selecciones nacionales. Ese acompañamiento ha sido clave para una federación que trabaja con recursos limitados, en un contexto donde la liga local sigue siendo amateur y se disputa durante pocos meses al año.
El dato es llamativo: ningún jugador del plantel mundialista milita actualmente en alguno de los equipos del campeonato local. Aun así, el país ha logrado construir una selección competitiva gracias a una combinación de planificación, diáspora, identidad y vínculo emocional con futbolistas de origen caboverdiano nacidos o formados en el extranjero.
Fernandes también considera que los buenos resultados de Cabo Verde pueden reforzar la conexión entre los jugadores de la diáspora y la tierra de sus padres. En el fútbol africano, ese vínculo es cada vez más importante, porque muchas selecciones dependen de futbolistas desarrollados en Europa, pero conectados familiar y culturalmente con sus países de origen.
La actuación caboverdiana llega en un Mundial especialmente fuerte para África. Nueve de las diez selecciones africanas lograron avanzar a los dieciseisavos, aunque varias ya fueron eliminadas en esa ronda. Marruecos, tras superar a Países Bajos en penaltis, aparece como una de las grandes referencias del continente.
Ahora, el desafío de Cabo Verde será enorme. Enfrentará a Argentina, vigente campeona del mundo, y a Lionel Messi, máximo goleador histórico de los Mundiales. Sobre el papel, el cruce parece desigual. Pero después de lo que ya hizo en la fase de grupos, Cabo Verde tiene derecho a creer.
Su historia ya no es solo una sorpresa bonita. Es una prueba de que, con estructura, identidad y trabajo sostenido, incluso una nación pequeña puede competir en el escenario más grande del fútbol.