Hoy una computadora puede resolver millones de operaciones en apenas unos segundos. Pero durante gran parte de la historia, cuando alguien hablaba de una computadora, no se refería a una máquina.
Se refería a una persona.
Las computadoras humanas eran profesionales especializados en realizar cálculos matemáticos de enorme complejidad utilizando únicamente lápiz, papel, reglas de cálculo y tablas matemáticas. Su trabajo fue indispensable para el desarrollo de la astronomía, la ingeniería, la aviación y, posteriormente, la carrera espacial.
La profesión comenzó a consolidarse a finales del siglo XIX y alcanzó su mayor importancia durante la primera mitad del siglo XX.
Gobiernos, universidades, observatorios y laboratorios científicos contrataban equipos completos de computadoras humanas para resolver ecuaciones que requerían una enorme precisión. Un pequeño error podía alterar el diseño de un avión, una trayectoria balística o el cálculo de la órbita de un satélite.
Con el paso del tiempo, la profesión estuvo integrada mayoritariamente por mujeres.
Durante décadas, muchas matemáticas brillantes encontraron en este trabajo una de las pocas oportunidades para desarrollar una carrera científica. Entre ellas destacan Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, cuyas contribuciones en la NASA fueron fundamentales para las primeras misiones espaciales de Estados Unidos y cuya historia fue llevada al cine en Hidden Figures.
Las computadoras humanas no desaparecieron de inmediato cuando llegaron las primeras computadoras electrónicas.
Al contrario, durante varios años trabajaron junto a ellas. Las máquinas realizaban parte de los cálculos, mientras que los especialistas verificaban los resultados, preparaban los datos y resolvían operaciones que los primeros equipos aún no podían procesar con facilidad.
Solo cuando las computadoras digitales se volvieron más rápidas, confiables y accesibles, este oficio comenzó a desaparecer.
Sin embargo, el legado de las computadoras humanas sigue presente. Muchas de las bases de la informática moderna, la exploración espacial y la ingeniería fueron posibles gracias a miles de personas que dedicaron su vida a resolver cálculos imposibles sin la ayuda de un procesador.
Resulta curioso pensar que la palabra “computadora” primero describió a un ser humano y solo después pasó a identificar a las máquinas que hoy usamos todos los días.