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Dataland abre en Los Ángeles con una selva de IA que responde al cuerpo humano

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Personas asisten a la exposición inmersiva 'Machine Dreams: Rainforest' (Sueños de máquina: Selva tropical) este lunes, en Dataland, el primer museo de IA, concebido por Refik Anadol Studio, en Los Ángeles (EE.UU.). EFE/ Mónica Rubalcava

Durante siglos, el ser humano ha mirado, creado y sentido el arte. Pero en Los Ángeles, una nueva exposición plantea otra pregunta: ¿puede el arte sentirnos de vuelta?

Esa es la idea detrás de “Machine Dreams: Rainforest”, la instalación inaugural de Dataland, considerado el primer museo dedicado al arte creado con inteligencia artificial. El espacio, concebido por Refik Anadol Studio, abrió sus puertas en The Grand LA, un complejo diseñado por Frank Gehry en el centro de la ciudad.

La muestra propone un viaje inmersivo inspirado en la selva amazónica. No se limita a proyectar imágenes ni a envolver al público con sonido. También registra las reacciones corporales de cada visitante y usa esos datos para modificar la experiencia en tiempo real.

Según explicó Refik Anadol en entrevista con Mónica Rubalcava para EFE, la tecnología puede parecer futurista, pero parte de herramientas que ya existen. “Todo se siente futurista, pero en realidad usa tecnología del presente”, dijo el artista.

Sensores, aromas y una selva que cambia

El recorrido comienza con un ritual de bienvenida. Al escanear el boleto, una caja negra se abre para entregar dos dispositivos: un difusor portátil de aromas y un brazalete biosensor de grado médico.

Ese brazalete registra señales del cuerpo en tiempo real. La información es interpretada por el museo como indicadores emocionales que influyen en el desarrollo de la instalación. Así, cada visita se convierte en una experiencia distinta.

Los visitantes descienden luego hacia una selva fantástica, formada por imágenes en movimiento, sonidos, música y aromas. Las formas orgánicas evolucionan constantemente, inspiradas en la Amazonía, mientras paredes, techos y suelos se transforman en un ambiente digital de gran escala.

“La gente se pregunta: ¿está usando mis emociones? Sí, las usa. ¿Estoy oliendo moléculas de aromas personalizadas? Sí, estás oliendo en tiempo real los sueños de una máquina”, señaló Anadol en la entrevista con EFE.

El Large Nature Model detrás de la obra

Anadol, admirador de “Blade Runner”, lleva una década entrenando modelos propios de inteligencia artificial. Tras trabajar con grandes modelos de lenguaje que, según él, no representaban bien la naturaleza, decidió crear el Large Nature Model.

Ese sistema fue entrenado con 500 millones de imágenes obtenidas de forma ética y funciona como el motor de lo que el visitante ve, huele y siente en Dataland. La instalación usa también enormes superficies digitales: cinco galerías con 1.500 millones de píxeles distribuidos en aproximadamente 2.300 metros cuadrados.

La exposición no está pensada solo para contemplarse. Una de las salas permite al público crear arte en tiempo real mediante pantallas táctiles transparentes, usando lo que Anadol llama un “pincel pensante”.

“Buscaba un laboratorio de la imaginación”, dijo el artista a EFE. “Y creo que inventamos una forma de laboratorio que lleva ese concepto a una manifestación física”.

Cuando los datos se vuelven recuerdo

Antes de llegar a la galería final, los visitantes pueden degustar chocolates elaborados a partir de datos sobre la genética del cacao y la selva amazónica. También reciben un recuerdo creado con la información recopilada durante su recorrido.

El cierre es una obra única e irrepetible, generada en tiempo real a partir de los datos emocionales registrados por el brazalete de cada persona. La experiencia convierte al visitante en parte activa de la obra, no solo como espectador, sino como fuente de información.

En un momento en que la inteligencia artificial despierta fascinación, dudas y temor, Dataland apuesta por mostrar una cara sensorial y creativa de esa tecnología.

“La IA es una herramienta poderosa. Tenemos que ser muy cuidadosos. Pero con esa misma herramienta podemos crear cosas inspiradoras, nuevas formas de arte, nuevas perspectivas”, concluyó Anadol en la entrevista con EFE.

La propuesta no elimina las preguntas éticas que rodean a la inteligencia artificial. Al contrario, las coloca dentro de una experiencia física, emocional y artística. En esa mezcla está el centro de “Machine Dreams: Rainforest”: una obra que no solo quiere ser vista, sino que intenta responder a quien la mira.

El Especialito

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