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Dolor de pies en el trabajo: cuándo no es solo cansancio

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© Chingyunsong | Dreamstime.com

El dolor de pies después de una jornada larga puede parecer una consecuencia normal del trabajo. Sin embargo, cuando se repite, empeora o aparece con otros síntomas, no conviene asumir que se trata solo de cansancio. Los pies soportan el peso del cuerpo y ayudan a mantener el equilibrio durante horas.

Permanecer de pie por mucho tiempo, especialmente sin cambiar de posición, puede aumentar la fatiga, el dolor muscular y la inflamación en las piernas. Además, caminar sobre superficies duras, usar calzado inadecuado o repetir los mismos movimientos puede aumentar la molestia.

El tipo de dolor puede ofrecer pistas

No todo dolor de pies tiene el mismo origen. Una molestia en el talón o en la planta puede estar relacionada con sobrecarga o fascitis plantar. En cambio, el ardor, el hormigueo o el adormecimiento pueden sugerir irritación o daño en los nervios.

Por otra parte, un dolor muy localizado que aumenta al caminar o apoyar el pie puede aparecer con lesiones por esfuerzo, esguinces o fracturas por estrés. También existen problemas como tendinitis, artritis, juanetes o compresión de nervios. Por eso, la ubicación y la duración del dolor son datos importantes para una evaluación médica.

Señales que no deben ignorarse

Conviene consultar si el dolor no mejora después de descansar, cambiar el calzado o reducir temporalmente la actividad. También se debe buscar atención si la molestia empeora, impide caminar o dificulta apoyar el peso del cuerpo.

La inflamación intensa, el enrojecimiento, el calor, una herida abierta, fiebre, pérdida de sensibilidad o cambios de color requieren atención. Además, si el dolor comenzó después de una caída y existe deformidad, la evaluación no debe retrasarse.

Las personas con diabetes necesitan más cuidado

La diabetes puede afectar los nervios y la circulación de los pies. Como resultado, una persona puede no sentir una ampolla, un corte o una zona de presión dentro del zapato. Si la herida pasa desapercibida, puede infectarse o tardar más en sanar.

Por eso, quienes viven con diabetes deben revisar sus pies todos los días y consultar ante heridas, hinchazón, cambios de temperatura o pérdida de sensibilidad. Incluso una lesión pequeña merece atención cuando no cicatriza.

Cambios sencillos durante la jornada

Usar zapatos cómodos, con espacio para los dedos, soporte adecuado y amortiguación puede ayudar. Asimismo, conviene evitar calzado muy gastado o modelos que compriman ciertas zonas del pie.

Si el trabajo lo permite, es útil alternar entre estar sentado, caminar y permanecer de pie. Las pausas cortas y los cambios de posición pueden reducir la carga acumulada. Para una molestia leve, disminuir la actividad, aplicar frío y usar calzado apropiado puede ayudar durante los primeros días.

El dolor de pies no siempre indica una enfermedad grave. Aun así, tampoco debe normalizarse cuando se vuelve constante o limita la rutina. Prestar atención a las señales y actuar temprano puede evitar que una molestia manejable termine afectando la movilidad.

El Especialito

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