La ansiedad persistente y la fatiga que no mejora con el descanso suelen atribuirse al estrés o al ritmo de vida. Sin embargo, en los últimos años la investigación ha puesto el foco en un fenómeno menos visible: la microinflamación cerebral, una inflamación leve pero sostenida que puede alterar el funcionamiento del sistema nervioso.
No se trata de una inflamación aguda ni de una lesión detectable en estudios convencionales. Es un proceso sutil, pero con efectos reales sobre el estado de ánimo, la energía y la claridad mental.
Qué es la microinflamación cerebral
La microinflamación cerebral, también conocida como neuroinflamación de bajo grado, ocurre cuando las células inmunitarias del cerebro permanecen activadas durante periodos prolongados. Este estado no provoca síntomas neurológicos evidentes, pero sí modifica la forma en que las neuronas se comunican.
El cerebro es especialmente sensible a los procesos inflamatorios. Incluso niveles bajos pueden interferir con neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina y el glutamato, todos ellos implicados en la regulación del ánimo y la motivación.
Ansiedad más allá de lo psicológico
La ansiedad no siempre es solo una respuesta emocional. La microinflamación cerebral puede aumentar la reactividad del sistema nervioso, haciendo que el cerebro interprete estímulos neutros como amenazas.
Esto explica por qué algunas personas viven en un estado constante de alerta, con sensación de nerviosismo, tensión interna o dificultad para relajarse, incluso en ausencia de factores externos claros.
Fatiga crónica y cerebro inflamado
La fatiga crónica no es simplemente cansancio. En muchos casos, está relacionada con una disminución en la eficiencia del cerebro para producir y gestionar energía. La microinflamación cerebral altera los circuitos que regulan el esfuerzo mental y físico, generando agotamiento persistente.
Las personas afectadas suelen describir una sensación de batería baja constante, acompañada de niebla mental y dificultad para concentrarse.
Qué factores pueden favorecerla
La microinflamación cerebral no aparece de la nada. Puede verse favorecida por estrés crónico, alteraciones del sueño, infecciones previas, desequilibrios hormonales y procesos inflamatorios en otras partes del cuerpo, como el intestino.
La inflamación sistémica de bajo grado puede cruzar la barrera hematoencefálica y afectar el cerebro, conectando la salud física con la mental.
Por qué cuesta diagnosticarla
Al no provocar cambios estructurales visibles, la microinflamación cerebral suele pasar desapercibida en estudios convencionales. Esto lleva a que muchos síntomas se minimicen o se atribuyan únicamente a causas emocionales.
Sin embargo, la ciencia reconoce cada vez más la interacción entre el sistema inmune y el cerebro como un factor clave en trastornos de ansiedad y fatiga persistente.
Escuchar al cuerpo con otra mirada
Comprender la microinflamación cerebral no significa reducir la ansiedad o la fatiga a un solo mecanismo, pero sí amplía la mirada. No todo malestar prolongado es falta de voluntad o exceso de estrés mal manejado.
La salud mental y la salud física no son compartimentos separados. Cuando el cerebro se inflama en silencio, el cuerpo lo expresa en forma de ansiedad, agotamiento y dificultad para funcionar con normalidad. Reconocer esa conexión es un paso importante hacia una atención más completa y menos simplista del bienestar.









