En 1980, Robert Shafran llegó por primera vez a Sullivan County Community College, en el estado de Nueva York. Esperaba comenzar una etapa nueva rodeado de desconocidos. En cambio, otros estudiantes lo saludaban por su nombre, lo abrazaban y actuaban como si ya lo conocieran.
El problema era que lo llamaban Eddy.
Robert pronto descubrió que un joven llamado Edward “Eddy” Galland había estudiado allí el año anterior. Ambos tenían el mismo rostro, los mismos gestos y la misma fecha de nacimiento. También habían sido adoptados. Cuando finalmente se encontraron, entendieron que eran hermanos gemelos separados desde bebés.
La historia apareció en los periódicos. Entonces, David Kellman vio una fotografía de los dos jóvenes y reconoció su propia cara.
No eran gemelos. Eran trillizos.
Los tres habían nacido el 12 de julio de 1961 y fueron entregados en adopción por Louise Wise Services, una conocida agencia de Nueva York. Cada uno terminó en un hogar distinto. Sus padres adoptivos nunca fueron informados de que el niño que recibían tenía dos hermanos idénticos viviendo en otras familias.
El reencuentro se convirtió rápidamente en una sensación nacional. Robert, Eddy y David aparecieron en programas de televisión, posaron para fotógrafos y hablaron de todas las coincidencias que habían descubierto. Los tres habían practicado lucha libre, fumaban la misma marca de cigarrillos y mostraban gestos y preferencias sorprendentemente parecidos.
Durante un tiempo parecían inseparables. Se mudaron juntos, disfrutaron de la vida nocturna de Nueva York y abrieron un restaurante llamado Triplets. Lo que parecía una historia perfecta sobre el destino escondía, sin embargo, una explicación mucho más inquietante.
El estudio que nadie explicó
Cuando eran niños, investigadores visitaban periódicamente sus hogares. Filmaban a los hermanos, les aplicaban pruebas, analizaban su comportamiento y entrevistaban a sus padres. Las familias creían que aquellas evaluaciones formaban parte de un seguimiento rutinario relacionado con la adopción.
En realidad, los trillizos participaban en un estudio dirigido principalmente por el psiquiatra Peter B. Neubauer. El proyecto observaba a hermanos genéticamente idénticos criados en ambientes diferentes para estudiar el antiguo debate entre naturaleza y crianza.
Robert, Eddy y David fueron colocados en familias con circunstancias económicas y estilos de crianza distintos. Uno creció en un hogar de clase trabajadora, otro en una familia de clase media y el tercero en un ambiente más acomodado.
Ni los niños ni sus padres dieron un consentimiento informado para participar en aquel experimento. Tampoco sabían que existían otros hermanos. Los investigadores conocían la verdad mientras observaban cómo cada niño crecía creyéndose hijo único.
El estudio involucró al menos tres pares de gemelos y un grupo de trillizos, aunque el número exacto de participantes sigue siendo discutido. Las evaluaciones continuaron durante años, pero los resultados completos nunca fueron publicados. Neubauer se retiró en 1984 y los documentos fueron depositados posteriormente en archivos restringidos. La mayor parte permanece sellada hasta 2065, aunque algunos participantes recibieron miles de páginas parcialmente censuradas y sin conclusiones claras.
Las diferencias detrás del parecido
La atención pública se concentró inicialmente en todo lo que los hermanos compartían. Sin embargo, con el tiempo también aparecieron diferencias profundas.
Los tres habían sufrido problemas emocionales durante la infancia. Según sus familias, mostraron ansiedad por separación, se golpeaban la cabeza contra las barras de sus cunas y atravesaron periodos de angustia. El documental plantea la posibilidad de que separar a los trillizos durante sus primeros meses de vida contribuyera a esos problemas, aunque no puede demostrar una relación directa.
La convivencia y el negocio también generaron tensiones. Las personalidades que parecían complementarse frente a las cámaras comenzaron a chocar cuando tuvieron que compartir decisiones, responsabilidades y dinero.
Eddy Galland desarrolló graves problemas de salud mental. Murió por suicidio en 1995. Tenía 33 años. Su muerte dio todavía más peso a las preguntas sobre las consecuencias emocionales de la separación y sobre lo que los investigadores pudieron haber sabido mientras seguían observando a los hermanos.
Del cuento perfecto al escándalo
El documental Three Identical Strangers, dirigido por Tim Wardle y estrenado en 2018, presenta la historia como los propios hermanos la vivieron. Primero llega la euforia del descubrimiento. Luego aparecen las preguntas, los documentos ocultos y la dimensión ética del estudio.
La película ganó el Premio Especial del Jurado por Narración en el Festival de Sundance y llevó el caso a una audiencia internacional. También reabrió el debate sobre la investigación con seres humanos, el consentimiento informado y los derechos de los niños adoptados.
El experimento pretendía responder cuánto de una persona procede de sus genes y cuánto depende del ambiente. Pero terminó dejando otra pregunta mucho más incómoda: ¿qué valor puede tener un estudio cuando obtener sus datos exige engañar a familias y privar deliberadamente a varios niños de conocer a sus propios hermanos?
Three Identical Strangers comienza con tres jóvenes celebrando que finalmente se encontraron. Termina mostrando que su separación nunca fue un simple accidente administrativo. Mientras ellos crecían buscándose sin saberlo, un grupo de adultos ya conocía la respuesta y decidió permanecer en silencio.