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¿Dar propina o no dar propina? ¿Sigue siendo opcional?

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By Michelle Roncal

Los clientes se sienten presionados a dejar más propina, mientras los trabajadores de servicio siguen dependiendo de esas gratificaciones. El verdadero problema podría ser el sistema mismo.

Fotos: Dreamstime/Death to Stock

Me considero una persona que deja propinas por encima de lo habitual. Incluso cuando el servicio decepciona, me siento culpable porque ese dinero puede significar más para el trabajador. Otras personas ven de manera diferente esa línea en blanco. Algunos dejan lo mínimo. Otros se niegan a dar propina porque los salarios nunca debieron convertirse en responsabilidad del cliente.

La propina siempre genera debate en Estados Unidos. La discusión ha crecido a medida que las solicitudes de gratificación aparecen en lugares inesperados. Haces un pedido en un mostrador, recoges tu comida y la pantalla gira hacia ti. De pronto, elegir “no tip” se siente como una declaración sobre tu carácter.

La confusión empeora cuando un restaurante añade automáticamente un 18% de gratificación y el recibo todavía deja espacio para una propina adicional. ¿Se supone que debemos pagar dos veces? Los clientes pueden no saber si el primer cargo llega al mesero o si la segunda línea simplemente forma parte del sistema. Si la propina es voluntaria, ¿por qué rechazarla se siente como romper una regla?

El sistema estadounidense contiene esa contradicción. La propina llegó desde Europa y se extendió después de la Guerra Civil. Aunque muchos estadounidenses la consideraban aristocrática y poco americana, la práctica sobrevivió. Más adelante, los empleadores utilizaron las gratificaciones para mantener bajos los salarios, particularmente entre trabajadores negros del sector de servicios, como los porteros de Pullman. Desde el principio, la generosidad de los clientes se convirtió en parte de la compensación de los trabajadores en lugar de ser una recompensa por un servicio excepcional.

Esa historia sigue siendo visible en las leyes salariales. Las normas federales permiten que ciertos empleados que reciben propinas cobren tan solo $2.13 por hora en salario directo, siempre que las propinas eleven sus ingresos hasta el salario mínimo federal de $7.25. El empleador debe cubrir legalmente cualquier diferencia. En Nueva York y Nueva Jersey, los salarios exigidos son más altos, pero las propinas todavía pueden contar como parte de lo que los empleadores deben pagar.

En 2026, los trabajadores de servicios de comida que reciben propinas en la ciudad de Nueva York deben cobrar directamente al menos $11.35 por hora, y sus salarios y propinas deben alcanzar los $17. En Nueva Jersey, el salario mínimo directo es de $6.05, y los ingresos totales deben alcanzar los $15.92. A nivel nacional, los meseros y meseras tuvieron ingresos medios de $16.23 por hora en mayo de 2024, según el Bureau of Labor Statistics. Esa cifra incluye propinas.

Aquí es donde chocan los argumentos de siempre. “Si no puedes permitirte dejar propina, no puedes permitirte salir a comer”, dice un lado. La respuesta es igual de directa: si un negocio no puede pagar a sus trabajadores, no puede permitirse operar. Ambas posiciones pueden sonar razonables, pero el mesero que está en medio de ellas todavía tiene cuentas que pagar.

La misma discusión sigue hasta la casa a través de las aplicaciones de entrega. Los clientes ven cargos por servicio antes de que se les pida dejar propina al repartidor, mientras que los trabajadores de entrega pueden depender de esa cantidad. El cliente siente que ya pagó suficiente; el trabajador sabe que no siempre recibe suficiente.

Atender mesas es un trabajo real y, para muchas personas, una carrera. Sin embargo, el sistema obliga a los trabajadores a depender de las finanzas y las creencias de cada desconocido al que atienden. Los clientes no deberían sentirse avergonzados por rechazar cargos que nadie les explica. Los trabajadores tampoco deberían preguntarse si una mala noche los dejará sin dinero para la renta.

Quizás la cultura de las propinas ha llegado demasiado lejos. O quizás se le ha pedido que haga algo que nunca podría hacer de manera justa: convertir la generosidad en un sistema salarial. La propina les pide a desconocidos que resuelvan esa cuestión un recibo a la vez. La propina aparece como una elección, pero para la persona que depende de ella, puede que no se sienta opcional en absoluto.

El Especialito

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