El cigarrillo ahora viene acompañado de una excusa. Fue únicamente durante una fiesta. Era un cigarrillo de vacaciones. Había alcohol de por medio. Al parecer, relacionarlo con una ocasión especial hace que muchas personas sientan que no cuenta.
En las redes sociales, fumar vuelve a presentarse como una pequeña rebelión, una pausa frente a la pantalla o un accesorio que luce mejor en una fotografía que cualquier vapeador. El cigarrillo comienza a recuperar cierta aceptación cultural, aunque las tasas de tabaquismo permanezcan cerca de sus mínimos históricos.
Durante años, parecía que los cigarrillos estaban desapareciendo. Fumar fue quedándose fuera de los espacios públicos y también de muchos círculos sociales. Ahora vuelven a aparecer en fotografías de celebridades, publicaciones digitales y escenas de televisión.
Melissa Little, profesora asociada de Ciencias de la Salud Pública en la Universidad de Virginia, explicó a la revista People que las representaciones del tabaco en películas aumentaron un 70 % durante 2023 en comparación con el año anterior. Para 2024, más de la mitad de las películas con mayor recaudación incluían alguna forma de consumo de tabaco.
La incomodidad también forma parte del atractivo
El interés va más allá de parecer despreocupado frente a una cámara. Little señaló que algunos jóvenes recurren a los cigarrillos mientras intentan dejar los vapeadores porque fumar exige más esfuerzo.
Hay que salir del edificio, encontrar un lugar permitido y, en muchos casos, reunirse con otras personas. Esa incomodidad obliga a abandonar momentáneamente la pantalla y puede generar conversaciones. En una vida dominada por teléfonos y experiencias digitales, el ritual se convierte en parte de la atracción.
También existe una explicación sencilla que las campañas de salud pocas veces reconocen directamente: algunas personas disfrutan fumar.
Zay, un joven de 27 años entrevistado por el San Francisco Standard, recordó haber compartido un cigarrillo con amigos mientras estaban sentados sobre tablas de surf en Nueva Zelanda. Describió aquel instante como uno de los momentos de mayor felicidad que había experimentado.
La escena suena casi perfecta. Precisamente por eso resulta tan fácil dejar el peligro fuera de la imagen. Ignorar el placer, el ritual y la pausa social que algunas personas asocian con el cigarrillo dificulta entender por qué el hábito continúa existiendo.
La incertidumbre puede cambiar la percepción del riesgo
También existe una explicación más oscura. Little describió a una generación que entra en un mercado laboral incierto, se preocupa por el impacto de la inteligencia artificial y duda de que algún día pueda comprar una vivienda.
Cuando el futuro parece estar fuera de control, renunciar a un pequeño placer presente por un daño que podría llegar dentro de muchos años puede resultar menos convincente. Es un razonamiento pesimista, pero ayuda a explicar por qué conocer los riesgos ya no siempre es suficiente para evitar el consumo.
Las cifras nacionales todavía no muestran un verdadero regreso del cigarrillo. Datos federales preliminares situaron el consumo entre adultos estadounidenses en aproximadamente un 9 % durante 2025, la cifra más baja registrada hasta el momento.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, FDA, informó que el 1,4 % de los estudiantes de escuela intermedia y secundaria fumaba cigarrillos.
Sin embargo, las encuestas suelen publicarse después de que aparecen nuevas conductas sociales. También pueden pasar por alto a quienes fuman durante fiestas o vacaciones, pero nunca se describirían a sí mismos como fumadores.
Fumar ocasionalmente no significa fumar sin riesgo
La palabra “ocasional” puede comenzar a sonar inofensiva, aunque los riesgos continúan presentes. Un estudio publicado en 2025 por PLOS Medicine encontró que fumar entre dos y cinco cigarrillos diarios estaba relacionado con un riesgo 50 % mayor de padecer enfermedades cardiovasculares.
El mismo estudio asoció ese nivel de consumo con un riesgo 60 % mayor de muerte por cualquier causa, en comparación con las personas que nunca habían fumado.
Tal vez los cigarrillos estén regresando primero como una imagen, una actitud o una forma de socializar. Quizás lo que está desapareciendo no sea el temor al cáncer, sino la vergüenza de encender uno frente a otras personas.
Si el estigma desaparece antes que el hábito, la verdadera pregunta es cuánto tardarán las estadísticas en reflejarlo.
¿Los cigarrillos realmente están regresando o las personas simplemente han encontrado nuevas excusas para fumarlos?