Venezuela vuelve a mirar su historia sísmica
Los dos terremotos que sacudieron este miércoles el centro de Venezuela reabrieron el recuerdo de algunos de los sismos más graves que ha enfrentado el país en el último siglo. Aunque la evaluación de daños puede cambiar con el paso de las horas, el impacto del movimiento volvió a colocar en primer plano una realidad conocida por los venezolanos: el país se encuentra en una zona con actividad sísmica capaz de producir eventos destructivos.
De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, uno de los temblores recientes alcanzó magnitud 7,1 y tuvo epicentro cerca de Montalbán, en el estado Carabobo. Su poca profundidad hizo que se sintiera con fuerza en varias regiones, incluida Caracas.
El antecedente más cercano de gran impacto ocurrió en 1997, cuando un terremoto en el estado Sucre dejó 73 muertos, alrededor de 500 heridos y miles de damnificados. Sin embargo, la memoria sísmica venezolana es mucho más antigua y está marcada por tragedias que cambiaron ciudades enteras.
Cumaná, El Tocuyo y Caracas
El 17 de enero de 1929, un terremoto de magnitud 6,9 sacudió Cumaná, en el estado Sucre, y generó un tsunami que destruyó la ciudad. Aquel desastre dejó unos 800 fallecidos y sigue siendo uno de los episodios más letales en la historia sísmica venezolana.
Dos décadas después, el 3 de agosto de 1950, El Tocuyo, en el estado Lara, fue golpeado por un sismo de magnitud 6,8. El movimiento destruyó casi por completo esa población del centro del país y causó cerca de un centenar de muertos.
Caracas también conserva una de las páginas más dolorosas de esta historia. El 29 de julio de 1967, un terremoto de magnitud 6,6, seguido de un pequeño tsunami, dejó 245 muertos, miles de heridos y daños materiales cuantiosos. La sacudida afectó edificios, viviendas e infraestructura, y quedó grabada como uno de los peores desastres naturales vividos por la capital.
El golpe de Cariaco en 1997
El 9 de julio de 1997, la costa este de Venezuela sufrió otro terremoto devastador. El sismo, de magnitud 6,9, afectó especialmente a Cumaná y a la población de Cariaco, en el estado Sucre.
El saldo fue de 73 muertos, alrededor de 500 heridos y unos 3.000 damnificados. Las lluvias torrenciales agravaron la emergencia y complicaron la respuesta en las zonas afectadas.
Ese evento se convirtió durante años en el principal referente reciente de destrucción sísmica en el país. Por eso, cada nuevo terremoto fuerte activa comparaciones inevitables con Cariaco y con el largo historial de vulnerabilidad en zonas urbanas y costeras.
Actividad más reciente
En noviembre de 2015, Mérida registró dos terremotos de magnitud 5,1. Ambos causaron una víctima mortal, aunque no alcanzaron el nivel de devastación de los grandes eventos del siglo pasado.
El 21 de agosto de 2018, otro fuerte temblor se sintió en varios estados de Venezuela y provocó daños materiales en edificios de Caracas y del este del país. Fue uno de los movimientos más intensos de la última década y también se percibió fuera del territorio venezolano.
Más recientemente, en septiembre de 2025, se contabilizaron 189 eventos sísmicos en el occidente del país, especialmente en Zulia. Esa secuencia causó daños en viviendas e infraestructuras, incluidos hospitales, iglesias, puentes, semáforos y servicios eléctricos.
La historia muestra que Venezuela no es ajena a los terremotos. Algunos han causado tragedias humanas, otros han dejado daños materiales y muchos han servido como advertencia sobre la importancia de la preparación, la construcción segura y la información pública clara.
Tras los movimientos recientes en el centro del país, la atención vuelve a estar en las autoridades, los organismos científicos y la capacidad de respuesta ante posibles réplicas. En un territorio con memoria sísmica profunda, cada nuevo temblor recuerda que la prevención no puede esperar al próximo desastre.