Los precios de reventa para el partido de dieciseisavos entre Portugal y Croacia se dispararon en las últimas horas, impulsados por la posibilidad de que sea la última oportunidad de ver a Cristiano Ronaldo o Luka Modric en una Copa del Mundo.
El encuentro se jugará el jueves 2 de julio a las 7:00 p.m., hora local, en el Toronto Stadium. El ganador avanzará a octavos de final y el perdedor quedará eliminado, lo que aumenta el peso emocional de un cruce entre dos selecciones lideradas por figuras históricas.
Según datos publicados por CTV News, algunas entradas aparecían en SeatGeek por más de 30.000 dólares canadienses, equivalentes a unos 21.100 dólares estadounidenses o 18.500 euros. Otras localidades en SeatGeek y StubHub también se ofrecían por miles de dólares.
De precios oficiales a cifras desorbitadas
Cuando FIFA sacó las entradas a la venta en 2025, los precios oficiales para este tipo de partido oscilaban entre 335 y 875 dólares. Sin embargo, la demanda por el Portugal-Croacia elevó el mercado secundario a cifras muy superiores.
En las plataformas de reventa, incluso los asientos más baratos para una persona superaban los 2.600 dólares, según los datos citados. Otros rastreadores de precios reportaban boletos de entrada por encima de los 2.600 dólares para el mismo cruce en Toronto.
La diferencia entre el precio original y el valor de reventa refleja el atractivo particular del partido. No es solo un cruce de eliminación directa. Es también una cita que puede marcar el final mundialista de dos de los futbolistas más influyentes de las últimas dos décadas.
Ronaldo y Modric elevan la demanda
Cristiano Ronaldo y Luka Modric llegan a esta fase con carreras extraordinarias y con una pregunta inevitable: ¿será esta su última noche mundialista?
Ronaldo, figura histórica de Portugal, ha convertido cada aparición en el torneo en un evento global. Modric, símbolo de Croacia y Balón de Oro en 2018, también carga con el peso de una generación que llevó a su país a una final mundialista y a otro podio en ciclos recientes.
Esa dimensión simbólica ha convertido el Portugal-Croacia en uno de los partidos más codiciados de la ronda. Para muchos aficionados, pagar una entrada no significa solo ver un encuentro, sino presenciar un posible cierre de era.
Toronto y sus comunidades
El partido también tiene un fuerte componente local. En el área metropolitana de Toronto viven unas 140.000 personas de origen portugués y alrededor de 35.000 de origen croata, una base social que ha alimentado la demanda.
La ciudad canadiense se ha convertido en un punto de encuentro para ambas comunidades. Bares, restaurantes, clubes sociales y familias de origen portugués y croata se preparan para un partido que se vive como algo más que deporte.
El Toronto Stadium será escenario del último partido del Mundial 2026 en la ciudad, otro factor que puede haber presionado al alza los precios. Para los residentes locales, esta será la última oportunidad de ver una eliminatoria mundialista en casa.
La ley de Ontario y el mercado secundario
La situación ocurre pese a que Ontario aprobó este año una legislación para prohibir la reventa de entradas por encima de su valor nominal. La norma busca proteger a los fanáticos de precios abusivos y limitar la especulación con eventos deportivos y culturales.
Sin embargo, las plataformas de reventa han advertido que aplicar la ley puede ser difícil en la práctica. Uno de los principales problemas es verificar el precio original que pagó cada usuario antes de revender la entrada.
FIFA mantiene un mercado oficial de reventa e intercambio para boletos del Mundial 2026, presentado como el canal seguro para revender o comprar entradas. La organización recomienda usar sus vías oficiales para evitar fraudes o problemas de acceso. (fifa.com)
Un debate sobre acceso y negocio
El caso del Portugal-Croacia reabre el debate sobre cuánto puede costar vivir un Mundial en persona. Para algunos aficionados, los precios actuales convierten el torneo en un evento inaccesible, incluso en ciudades anfitrionas donde el público local esperaba participar más directamente.
The Guardian ya había reportado críticas de fanáticos en Toronto por los altos precios de entradas mundialistas, con quejas sobre la dificultad de asistir a partidos pese a vivir en una ciudad sede. (theguardian.com)
La reventa extrema añade presión a ese debate. La emoción de ver a Ronaldo o Modric puede explicar la demanda, pero también expone cómo los grandes eventos deportivos se convierten en mercados de lujo cuando la oferta es limitada y la expectativa es mundial.
El jueves, Portugal y Croacia jugarán por seguir vivos en el Mundial. En las gradas, quienes logren entrar también serán parte de otra historia: la de una entrada que, para algunos, llegó a costar tanto como un automóvil.