El mundo conoce los pensamientos, temores y sueños de Ana Frank porque su diario sobrevivió al Holocausto. Sin embargo, ella no fue la única integrante de la familia que escribió durante los años de clandestinidad. Su hermana mayor también llevaba uno. El diario perdido de Margot Frank nunca fue recuperado y continúa siendo una de las grandes ausencias de esta historia.
La prueba de su existencia aparece en el propio diario de Ana. En una entrada del 14 de octubre de 1942, contó que Margot le preguntó si podía leer algunas de sus páginas. Ana aceptó parcialmente y luego le preguntó por su diario. Margot respondió que ella también podía leerlo. Es la referencia más clara a un manuscrito que desapareció sin dejar rastro.
No se sabe qué aspecto tenía, cuánto había escrito Margot ni qué ocurrió con esas páginas. Tal vez permanecieron en el Anexo Secreto después del arresto y fueron destruidas cuando las autoridades vaciaron el escondite. También pudieron perderse durante la redada o haber sido confundidas con papeles sin importancia.
Los escritos de Ana sobrevivieron gracias a Miep Gies y Bep Voskuijl, quienes recogieron documentos del suelo después de la detención. Miep los guardó sin leer y se los entregó a Otto Frank cuando confirmó que su hija no regresaría. Nada similar apareció entre los objetos recuperados para conservar la voz de Margot.
Esta pérdida resulta especialmente significativa porque Margot era muy diferente de su hermana. Había nacido en Frankfurt en 1926 y era casi tres años mayor. Quienes la conocieron la describieron como inteligente, reservada, amable, disciplinada y atlética. En el Anexo solía mostrarse callada y retraída.
Al comienzo de su diario, Ana sentía que sus padres la comparaban constantemente con Margot. La veía como la hija responsable y perfecta, mientras ella parecía ocupar el papel de la rebelde. Esa comparación produjo celos, frustración y distancia entre las dos hermanas.
Con el tiempo, la relación comenzó a cambiar. Ana escribió que Margot se había vuelto más cercana y que ya no la trataba como una niña sin importancia. También reconoció su bondad y lamentó no poder confiarle todos sus pensamientos. Margot, por su parte, expresó que deseaba encontrar a alguien con quien hablar abiertamente sobre sus sentimientos.
El diario perdido de Margot Frank habría mostrado esa vida desde una perspectiva completamente distinta. Mientras Ana escribía con energía, contradicciones y ambiciones literarias, Margot quizá registraba la experiencia de una joven más introvertida que intentaba estudiar y conservar cierta normalidad dentro de un espacio dominado por el miedo.
Las ocho personas escondidas en el Anexo fueron arrestadas el 4 de agosto de 1944. Tras pasar por el campo de tránsito de Westerbork, fueron deportadas a Auschwitz-Birkenau. En noviembre de ese año, Margot y Ana fueron trasladadas a Bergen-Belsen, un campo sobrepoblado donde el hambre, la falta de higiene y las enfermedades causaban miles de muertes.
Ambas contrajeron tifus. Los testimonios sugieren que Margot murió primero, debilitada por la enfermedad y las condiciones del campo. Ana falleció posteriormente. Las fechas exactas siguen sin conocerse, aunque las fuentes más fiables sitúan sus muertes en febrero o marzo de 1945.
Otto Frank fue el único miembro de la familia inmediata que sobrevivió. También fue el único de los ocho ocupantes del Anexo Secreto que regresó después de la guerra. Su esposa, Edith, murió en Auschwitz, mientras sus hijas perecieron en Bergen-Belsen.
El diario de Ana permitió que millones de personas conocieran a una adolescente escondida detrás de una estantería. El diario perdido de Margot Frank pudo haber hecho algo parecido por su hermana.
De Margot quedaron fotografías, recuerdos ajenos y fragmentos escritos por otras personas. Sus propias palabras, en cambio, desaparecieron. Esa pérdida recuerda que detrás de cada testimonio conservado del Holocausto existen incontables voces que fueron silenciadas antes de poder contar su historia.