Una habitación puede parecer repentinamente enorme. Tus propias manos pueden sentirse gigantescas. Una persona al otro lado de la mesa parece alejarse aunque no se haya movido.
No es necesariamente una alucinación ni una escena inspirada en fantasía.
Existe una condición neurológica conocida como síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, capaz de alterar temporalmente la percepción del tamaño, las distancias, el tiempo y hasta el propio cuerpo.
Su nombre parece divertido. Para quien lo experimenta, puede resultar profundamente desconcertante.
Cuando las cosas cambian de tamaño
Uno de los síntomas más característicos es la micropsia.
Los objetos parecen mucho más pequeños de lo que realmente son.
El fenómeno contrario recibe el nombre de macropsia: las cosas parecen gigantescas.
También pueden alterarse las distancias. Una pared puede parecer extremadamente lejana o una persona puede sentirse demasiado cerca.
En algunos episodios cambia la percepción del propio cuerpo.
Una mano parece crecer. La cabeza se siente enorme. Las piernas parecen alargarse o reducirse.
La persona suele saber racionalmente que su cuerpo no está cambiando. El problema está en cómo el cerebro interpreta la información sensorial.
¿Por qué se llama así?
El nombre fue propuesto en la década de 1950 por el psiquiatra británico John Todd.
Eligió la referencia al libro de Lewis Carroll porque Alicia experimenta cambios dramáticos de tamaño durante su viaje por Wonderland.
Existe incluso una hipótesis interesante sobre Carroll.
El escritor sufría migrañas y algunos investigadores han especulado que pudo experimentar alteraciones perceptivas similares.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para diagnosticar retrospectivamente a Carroll con el síndrome.
La migraña aparece con frecuencia
El síndrome de Alicia en el País de las Maravillas no es una enfermedad única con una sola causa.
Se ha asociado especialmente con migrañas.
También puede aparecer durante ciertas infecciones, epilepsia, lesiones cerebrales y, en ocasiones, después del uso de determinadas sustancias o medicamentos.
En niños, algunos casos se han relacionado con infecciones virales.
Los episodios suelen durar minutos o, en ocasiones, más tiempo.
Después, la percepción vuelve a la normalidad.
El cerebro construye nuestra realidad
El síndrome resulta especialmente fascinante porque demuestra que el tamaño y la distancia no son experiencias simples.
Nuestros ojos reciben información, pero el cerebro debe interpretarla y combinarla con memoria, posición corporal y señales espaciales.
Si determinadas redes cerebrales dejan de sincronizar correctamente esa información, la percepción puede cambiar sin que el mundo exterior haya cambiado en absoluto.
Regiones relacionadas con la visión y la integración sensorial parecen desempeñar un papel importante.
No es lo mismo que una psicosis
Una persona que experimenta el síndrome normalmente conserva conciencia de que algo extraño está ocurriendo.
Puede decir: “Sé que mi mano no mide un metro, pero parece que sí”.
Esa conservación del juicio ayuda a distinguir muchos episodios de trastornos en los que la persona pierde contacto con la realidad de forma más amplia.
Aun así, un primer episodio, especialmente si es intenso o acompañado de otros síntomas, merece evaluación médica.
¿Es peligroso?
Por sí mismo, el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas suele ser temporal.
El problema principal es determinar qué lo está provocando.
Si está relacionado con migrañas, el tratamiento puede concentrarse en controlar esos episodios.
Si aparece junto con convulsiones, fiebre, debilidad, pérdida de conciencia u otros signos neurológicos, es necesario investigar causas diferentes.
No existe un medicamento específico para el síndrome porque el tratamiento depende de la condición subyacente.
La mayoría de las personas no entra literalmente en un mundo fantástico.
Pero durante algunos minutos, su cerebro puede cambiar las reglas con las que construye el espacio, el tamaño y el tiempo.
Y eso convierte al síndrome de Alicia en el País de las Maravillas en una de las demostraciones más extrañas de algo que normalmente olvidamos: no vemos la realidad directamente.
Vemos la versión que nuestro cerebro consigue construir.