México comenzó con autoridad su duelo de dieciseisavos de final del Mundial 2026 ante Ecuador y, al minuto 35, ya ganaba 2-0 en un Estadio Azteca cargado de tensión, lluvia y ambiente mundialista. Después de una demora de una hora por tormenta eléctrica en Ciudad de México, el equipo de Javier Aguirre respondió con pegada, presión y dos goles que hicieron explotar a la afición local.
El partido estaba previsto para iniciar antes, pero las condiciones climáticas obligaron a retrasar el arranque. La presencia de tormentas severas y riesgo de rayos llevó a la organización a esperar hasta que existieran condiciones seguras para jugadores, cuerpo técnico y público. Cuando finalmente rodó el balón, el Azteca ya estaba convertido en una caldera.
México tomó el control emocional del encuentro con un golpe al minuto 22. Julián Quiñones abrió el marcador con una definición potente que puso el 1-0 y cambió por completo el ritmo del partido. El gol premió el empuje de un equipo mexicano que salió decidido a presionar alto, atacar con velocidad y evitar que Ecuador se acomodara en su bloque defensivo.
La segunda celebración llegó poco después. Al minuto 31, Raúl Jiménez amplió la ventaja para el 2-0, aprovechando el buen momento del equipo local y la presión constante sobre el área ecuatoriana. El tanto del delantero mexicano dejó a Ecuador en una situación incómoda, obligado a reaccionar antes del descanso en un escenario hostil y con una afición totalmente volcada a favor de los anfitriones.
El contexto hacía el partido todavía más grande. México buscaba romper una barrera histórica en fases eliminatorias mundialistas y avanzar a octavos de final frente a una selección ecuatoriana que llegó a esta instancia con una reputación de solidez defensiva. Sin embargo, en los primeros 35 minutos, el conjunto sudamericano no logró frenar la intensidad mexicana ni controlar los momentos clave.
Ecuador, dirigido por Sebastián Beccacece, tenía en Moisés Caicedo, Enner Valencia y Gonzalo Plata a piezas importantes para intentar responder. Pero la ventaja temprana obligó a replantear el partido. Con dos goles abajo, La Tri necesitaba arriesgar más, adelantar líneas y encontrar espacios sin quedar expuesta a los contragolpes mexicanos.
El ganador de este cruce avanzará a los octavos de final, donde enfrentará al vencedor del duelo entre Inglaterra y República Democrática del Congo. Para México, la ventaja parcial no solo representaba una diferencia en el marcador, sino también una oportunidad enorme de dar un golpe histórico en casa.
Con el Azteca rugiendo y el impulso de los goles de Quiñones y Jiménez, México dejó claro desde temprano que no quería una noche de sufrimiento. Quería una noche de autoridad. Y hasta el minuto 35, la estaba construyendo con fútbol, presión y contundencia.