La llegada de Cristiano Ronaldo a Toronto desató este miércoles una auténtica fiebre futbolera antes del partido de dieciseisavos de final del Mundial 2026 entre Portugal y Croacia. A pocas horas del duelo, la presencia del capitán portugués movilizó a cientos de aficionados en distintos puntos de la ciudad, desde el aeropuerto hasta el hotel de concentración y las zonas cercanas al entrenamiento de la selección lusa.
Ronaldo vuelve a ser el gran imán de una cita mundialista que ya tiene sabor histórico. Portugal se medirá este jueves con Croacia en Toronto, en un cruce marcado por el enfrentamiento entre dos leyendas que podrían estar viviendo una de sus últimas apariciones en una Copa del Mundo: Cristiano Ronaldo y Luka Modric.
La pasión por el delantero portugués se hizo sentir desde la llegada del equipo al aeropuerto internacional Pearson. Varios aficionados siguieron el movimiento de la delegación lusa por la ciudad, mientras otros se congregaron cerca del hotel donde se hospeda Portugal para corear el nombre de Ronaldo y tratar de verlo aunque fuera por unos segundos.
El fervor tiene una explicación que va más allá del fútbol. Toronto cuenta con una comunidad portuguesa muy visible, especialmente en barrios del oeste de la ciudad, y el partido representa para muchos una oportunidad única de ver a Portugal disputar una eliminatoria mundialista prácticamente en casa. Para esos seguidores, la presencia de Ronaldo convierte el encuentro en algo más que un partido: es una cita emocional con una figura que ha marcado a varias generaciones.
La expectativa también se disparó porque el duelo ante Croacia podría ser decisivo para el futuro mundialista de dos íconos. Ronaldo, de 41 años, y Modric, de 40, compartieron una etapa brillante en el Real Madrid y ahora se cruzan como líderes de sus selecciones en una eliminatoria sin margen de error. Quien pierda quedará fuera del torneo, lo que alimenta todavía más el dramatismo del partido.
Portugal llega a Toronto después de terminar segundo en su grupo, con una victoria y dos empates. Croacia también avanzó como segunda de su zona, tras superar una primera fase exigente. Aunque el historial oficial favorece a Portugal, el equipo balcánico tiene experiencia, carácter y una generación acostumbrada a competir bajo presión.
Para la ciudad, el encuentro será uno de los eventos deportivos más llamativos de esta fase del Mundial. Medios locales ya habían anticipado una fuerte movilización de aficionados portugueses y croatas, con reuniones en zonas emblemáticas como Little Portugal y otros puntos de encuentro comunitario.
El atractivo del partido también se refleja en la demanda por entradas. La presencia de Ronaldo y Modric elevó el interés del público y convirtió el cruce en uno de los más esperados de los dieciseisavos. Incluso quienes no puedan entrar al estadio han buscado formas de vivir el ambiente mundialista en bares, fan zones y espacios comunitarios.
Para Portugal, la misión es avanzar y mantener vivo el sueño de pelear por el primer Mundial de su historia. Para Croacia, el objetivo es prolongar otra vez su reputación de selección resistente, capaz de incomodar a cualquier rival en fases decisivas.
Toronto será escenario de una noche cargada de nostalgia, orgullo y presión. Ronaldo llega como símbolo de una generación que no quiere despedirse todavía. Modric aparece como el otro gran rostro de una rivalidad elegante, de esas que el fútbol moderno ya no produce tan seguido. Y en medio de esa emoción, Portugal y Croacia jugarán mucho más que un pase a octavos: jugarán por alargar una historia que puede estar cerca de su último capítulo.