Hoy basta lanzar la bola para que, en pocos segundos, una máquina retire los pinos caídos y coloque un nuevo grupo perfectamente alineado. Pero durante gran parte de la historia del boliche, esa tarea dependía completamente de personas. Eran conocidos como pinsetters, uno de los oficios más duros y curiosos del entretenimiento.
A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX, prácticamente todas las boleras contrataban trabajadores para acomodar manualmente los pinos después de cada lanzamiento. La mayoría eran niños y adolescentes, algunos de apenas diez u once años.
Su jornada transcurría detrás de las pistas, un lugar estrecho, ruidoso y peligroso.
Los pinsetters debían retirar rápidamente los pinos derribados, colocar un nuevo juego en la posición correcta y devolver las bolas a los jugadores. Todo esto ocurría en cuestión de segundos para no detener la partida.
El trabajo requería velocidad, coordinación y mucha concentración. Un descuido podía significar recibir el impacto de una bola de boliche que viajaba a gran velocidad o ser golpeado por los propios pinos.
Además del esfuerzo físico, las condiciones laborales solían ser difíciles. El ruido constante, el polvo de madera y las largas jornadas eran habituales. Sin embargo, para muchos jóvenes era una de las pocas oportunidades de conseguir ingresos.
La profesión comenzó a desaparecer después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1946, la empresa AMF presentó el primer sistema automático capaz de retirar los pinos caídos, colocar otros nuevos y devolver la bola al jugador. Durante la década de 1950, estas máquinas comenzaron a instalarse masivamente en las boleras de Estados Unidos y, poco a poco, reemplazaron a los pinsetters.
El cambio revolucionó este deporte. Las partidas se hicieron más rápidas, las boleras redujeron costos y desapareció un oficio que había sido indispensable durante más de medio siglo.
Hoy resulta difícil imaginar que detrás de cada lanzamiento hubiera un niño esperando para colocar nuevamente los pinos antes del siguiente tiro. Sin embargo, así funcionó el boliche durante generaciones.
Los pinsetters forman parte de una larga lista de trabajos desaparecidos por la automatización. Un recordatorio de que, mucho antes de que las máquinas hicieran el trabajo en segundos, había personas cuya rapidez mantenía literalmente el juego en movimiento.










