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La Plaga del Baile de 1518: cuando una ciudad no podía dejar de bailar

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En el verano de 1518 ocurrió algo extraordinario en las calles de Estrasburgo, entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico y actualmente una ciudad francesa.

Una mujer comenzó a bailar.

No había una celebración. Tampoco músicos acompañándola. Según relatos históricos, simplemente salió a la calle y continuó moviéndose durante horas. Después volvió a hacerlo.

En cuestión de días, otras personas comenzaron a bailar también.

El extraño episodio, conocido actualmente como la Plaga del Baile de 1518, terminó involucrando a decenas y posiblemente cientos de habitantes. Algunos parecían incapaces de detenerse incluso cuando estaban exhaustos.

Más de cinco siglos después, todavía no sabemos exactamente por qué ocurrió.

Todo comenzó con una mujer

Las crónicas identifican a la primera bailarina como Frau Troffea.

En julio de 1518 comenzó a bailar en una calle de Estrasburgo y continuó durante varios días, deteniéndose únicamente cuando su cuerpo ya no podía seguir.

Poco después aparecieron más bailarines.

Los registros de la época y crónicas posteriores describen un número creciente de personas realizando movimientos compulsivos durante largos periodos. Para finales del episodio, algunas fuentes hablaban de cientos de afectados.

No era la primera vez que Europa observaba algo parecido.

Episodios de lo que históricamente se llamó dancing mania o coreomanía habían aparecido anteriormente en regiones cercanas a los ríos Rin y Mosela. Uno de los mayores brotes documentados había ocurrido en 1374.

Pero el caso de Estrasburgo se convertiría en el más famoso.

La solución de las autoridades empeoró las cosas

Los médicos del siglo XVI trabajaban con una comprensión del cuerpo muy diferente a la actual.

Algunos especialistas de Estrasburgo concluyeron que los bailarines sufrían una enfermedad natural relacionada con la sangre demasiado caliente. La solución propuesta fue sorprendente: permitirles continuar bailando hasta eliminar el problema.

Las autoridades habilitaron espacios para ello.

Construyeron plataformas y contrataron músicos. Incluso incorporaron bailarines saludables para acompañar a quienes parecían incapaces de detenerse.

Era, básicamente, tratamiento médico mediante más baile.

No funcionó.

El número de afectados continuó aumentando y las autoridades finalmente cambiaron completamente de estrategia. Las plataformas fueron desmontadas y se restringieron la música y el baile en la ciudad.

Algunos de los afectados fueron enviados a un santuario dedicado a San Vito, santo que en las creencias populares de la región estaba relacionado con este tipo de aflicciones.

Para finales del verano, el episodio había terminado.

¿La gente realmente murió bailando?

Esta es una de las partes más repetidas de la Plaga del Baile de 1518, pero también una de las que debemos tratar con mayor cuidado.

Algunas crónicas posteriores afirman que personas murieron después de bailar hasta quedar completamente exhaustas. Incluso se ha repetido durante años la cifra de hasta 15 muertes diarias provocadas por ataques cardíacos, derrames cerebrales o agotamiento.

Sin embargo, no existe documentación contemporánea suficientemente sólida para confirmar esa cifra.

Es posible que hubiera muertes durante el episodio, pero determinar cuántas personas murieron directamente como consecuencia del baile resulta mucho más difícil de lo que sugieren las versiones populares de la historia.

Lo que sí está bien documentado es el fenómeno general: numerosas personas participaron en un brote prolongado de baile aparentemente involuntario y las autoridades de Estrasburgo intentaron detenerlo.

¿Fue causado por pan contaminado?

Durante años, una explicación especialmente popular señaló al cornezuelo del centeno.

Este hongo puede contaminar cereales y producir sustancias químicas capaces de causar una intoxicación conocida como ergotismo. Entre sus síntomas pueden aparecer convulsiones, alucinaciones y espasmos.

A primera vista parece una explicación perfecta.

El problema aparece cuando imaginamos a una persona intoxicada intentando bailar durante días.

El ergotismo también puede provocar dolores intensos, convulsiones y una grave reducción del flujo sanguíneo hacia las extremidades. Por eso, varios historiadores consideran improbable que explique un comportamiento coordinado y prolongado como el descrito en Estrasburgo.

Además, no explica fácilmente por qué brotes históricos similares adoptaban específicamente la forma de baile.

Una epidemia provocada por la mente

Otra hipótesis se concentra menos en lo que las personas comieron y más en el mundo en el que vivían.

Estrasburgo atravesaba años difíciles. Malas cosechas, hambre, enfermedades y tensiones sociales habían creado condiciones de enorme estrés entre la población.

A eso se sumaban creencias religiosas profundamente arraigadas.

En algunas comunidades existía la idea de que San Vito podía castigar a una persona obligándola a bailar. Si alguien comenzaba a presentar ese comportamiento, quienes compartían esas creencias podían interpretar inmediatamente lo que estaban viendo dentro de ese marco cultural.

El historiador John Waller ha argumentado que estas condiciones pudieron favorecer lo que actualmente llamaríamos una forma de enfermedad psicógena colectiva, donde síntomas reales aparecen y se propagan dentro de un grupo sin que exista una causa física convencional que explique el brote.

Eso no significa que las personas estuvieran fingiendo.

Los síntomas producidos durante episodios psicógenos colectivos pueden sentirse completamente reales y ocurrir sin una decisión consciente de quien los experimenta.

Un misterio que todavía no tiene diagnóstico definitivo

La explicación psicógena encaja con buena parte de la evidencia histórica, pero tampoco podemos diagnosticar a cientos de personas que vivieron hace más de 500 años.

No existen muestras biológicas que analizar. Los testimonios son incompletos y algunos detalles proceden de textos escritos décadas después.

Por eso, afirmar que la Plaga del Baile de 1518 ha sido definitivamente resuelta sería ir demasiado lejos.

Lo que sabemos es suficientemente extraño.

Durante varias semanas, una ciudad europea observó cómo numerosos habitantes comenzaron a bailar de una manera que parecía estar fuera de su control. Las autoridades intentaron curarlos animándolos a bailar todavía más y terminaron descubriendo que aquello empeoraba la situación.

No sabemos exactamente qué ocurrió dentro de sus cerebros.

Pero quizás esa incertidumbre sea la parte más fascinante del episodio. Cinco siglos después, la Plaga del Baile sigue siendo un recordatorio bastante inquietante de hasta qué punto el estrés, las creencias y el comportamiento de quienes nos rodean pueden influir sobre el cuerpo humano.

El Especialito

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