Debajo de las calles de París existe otra ciudad.
A unos 20 metros bajo tierra, antiguos túneles atraviesan el subsuelo durante cientos de kilómetros. En una pequeña parte de esa enorme red, las paredes están cubiertas con cráneos, fémures y otros huesos humanos cuidadosamente organizados.
Son las famosas catacumbas de París.
Se calcula que los restos de aproximadamente seis millones de personas fueron trasladados allí entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX. Sin embargo, las catacumbas no comenzaron como cementerio ni fueron construidas para esconder cadáveres.
La verdadera historia comienza con las canteras que ayudaron a construir París y con una crisis sanitaria que obligó a la ciudad a encontrar un lugar para sus muertos.
Primero fueron canteras
Mucho antes de convertirse en un osario, el subsuelo parisino era explotado para obtener piedra caliza.
Durante siglos, enormes cantidades de roca fueron extraídas para construir edificios, iglesias y monumentos.
A medida que París crecía sobre aquellas antiguas canteras, algunos túneles quedaron olvidados o insuficientemente reforzados.
El problema se hizo evidente en el siglo XVIII, cuando varios derrumbes afectaron calles y edificios.
En 1777, el gobierno creó una inspección dedicada a estudiar, reforzar y cartografiar las canteras subterráneas.
Pocos años después, una parte de esa red recibiría una función completamente diferente.
París tenía demasiados muertos
Durante siglos, los parisinos habían enterrado a sus muertos en cementerios ubicados dentro de la ciudad.
Uno de los más importantes era el cementerio de los Santos Inocentes, conocido como Saints-Innocents.
Después de siglos de entierros, estaba completamente saturado.
Los cuerpos se acumulaban en fosas comunes y osarios. Los residentes cercanos se quejaban de olores y condiciones insalubres.
En 1780, el derrumbe de una pared de una propiedad vecina permitió que restos humanos y material procedente del cementerio cayeran hacia un sótano.
La situación ya no podía ignorarse.
El cementerio fue cerrado y las autoridades comenzaron a buscar una solución para trasladar enormes cantidades de restos humanos fuera de las zonas densamente habitadas.
Los huesos viajaban de noche
La solución estaba debajo de la ciudad.
En 1785, las autoridades decidieron utilizar antiguas canteras situadas en la zona de Tombe-Issoire como osario municipal.
Los primeros traslados comenzaron en 1786.
Durante la noche, carros cubiertos transportaban huesos desde los cementerios hasta las antiguas canteras. El proceso se realizaba acompañado de ceremonias religiosas.
Los restos no pertenecían únicamente a personas fallecidas recientemente.
Muchos habían permanecido enterrados durante décadas o siglos.
Con el tiempo, otros cementerios parisinos fueron vaciados y sus restos también terminaron en las catacumbas de París.
Los traslados continuaron de forma intermitente hasta el siglo XIX.
Los huesos no siempre estuvieron organizados así
La imagen actual de las catacumbas puede dar la impresión de que los esqueletos fueron cuidadosamente colocados desde el principio.
No fue así.
Inicialmente, los huesos fueron depositados en las canteras de una manera mucho más práctica.
A comienzos del siglo XIX, el inspector Louis-Étienne Héricart de Thury transformó el osario.
Cráneos y huesos largos fueron organizados en patrones decorativos. También se instalaron placas, inscripciones y elementos arquitectónicos.
La intención era convertir el lugar en algo que pudiera provocar reflexión sobre la muerte.
Por eso, las paredes visibles hoy no representan esqueletos completos.
Los huesos fueron separados y reorganizados mucho después de los entierros originales.
“Detente, este es el imperio de la muerte”
Una de las inscripciones más famosas aparece cerca de la entrada del osario.
En francés dice: “Arrête! C’est ici l’empire de la Mort”.
Es decir: “¡Detente! Este es el imperio de la Muerte”.
La frase contribuyó enormemente a la atmósfera inquietante del lugar.
Sin embargo, las catacumbas de París no fueron escenario de una misteriosa matanza subterránea.
Los millones de personas cuyos restos se encuentran allí murieron en diferentes épocas y por innumerables causas antes de ser enterradas originalmente en cementerios de la superficie.
Las catacumbas son, esencialmente, un enorme cementerio secundario.
Solo una pequeña parte puede visitarse
Otro detalle suele confundirse.
La red de antiguas canteras debajo de París es mucho mayor que el recorrido conocido por los turistas.
Se estima que existen alrededor de 300 kilómetros de galerías bajo diferentes zonas de la ciudad. Sin embargo, solo una pequeña sección forma parte del recorrido oficial de las catacumbas.
Entrar sin autorización en otras zonas de las antiguas canteras está prohibido.
A pesar de ello, existen exploradores clandestinos conocidos como cataphiles que recorren sectores cerrados y han creado mapas, espacios de reunión e incluso instalaciones improvisadas bajo tierra.
La existencia de estas expediciones ha contribuido a numerosas historias sobre habitaciones secretas y personas perdidas.
¿Es posible perderse?
Sí.
Una red subterránea extensa, oscura y llena de intersecciones puede ser peligrosa para alguien que no conoce el terreno.
Pero muchas de las historias más extremas relacionadas con personas que desaparecieron para siempre en las catacumbas carecen de documentación confiable.
El peligro real no necesita elementos sobrenaturales.
Hay túneles estrechos, zonas inestables, oscuridad completa y sectores donde orientarse puede resultar extremadamente difícil.
Una ciudad construida sobre sus propios muertos
Las catacumbas parecen uno de los lugares más macabros de Europa, pero su existencia nació de problemas muy concretos.
París necesitaba piedra para crecer.
Después necesitó estabilizar las canteras dejadas por siglos de extracción.
Finalmente necesitó un lugar donde trasladar los restos acumulados en cementerios saturados.
Esas tres historias terminaron encontrándose bajo tierra.
Hoy, millones de huesos permanecen allí mientras la vida cotidiana continúa varios metros por encima.
No son víctimas de un misterio olvidado ni habitantes de una ciudad secreta.
Son los restos de generaciones de parisinos que, siglos después de morir, terminaron formando parte de uno de los lugares más extraordinarios bajo las calles de París.