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Benjamin Guggenheim: el millonario que se vistió de gala para morir en el Titanic

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Benjamin Guggenheim. Foto via Wikimedia Commons.

La historia de Benjamin Guggenheim en el Titanic parece escrita para una película, pero su escena más famosa comenzó con testimonios de personas que sobrevivieron aquella noche. Cuando comprendió que el barco estaba condenado, el empresario estadounidense se quitó el chaleco salvavidas, se vistió con ropa formal y se preparó para morir.

Guggenheim pertenecía a una de las familias más ricas de Estados Unidos. La fortuna familiar se había construido mediante inversiones en minería, fundición y procesamiento de metales. Tenía 46 años cuando abordó el Titanic en Cherburgo, Francia, acompañado por Victor Giglio, descrito en diferentes registros como su ayuda de cámara, secretario o asistente personal.

Después de que el Titanic chocara con un iceberg durante la noche del 14 de abril de 1912, Guggenheim y Giglio fueron despertados y recibieron chalecos salvavidas. Al principio, como muchos pasajeros, no parecían comprender la gravedad de la situación.

El mayordomo Henry Samuel Etches declaró después que ambos hombres salieron a cubierta y ayudaron a los oficiales durante la evacuación. Pasaron entre los botes animando a mujeres y niños a subir. Los relatos coinciden en que Guggenheim permaneció tranquilo mientras el desastre avanzaba.

Cuando quedó claro que no había suficientes botes, Guggenheim y Giglio regresaron a sus habitaciones. Se quitaron la ropa abrigada y los salvavidas y aparecieron nuevamente vestidos con trajes de noche.

Etches recordó que Guggenheim le dijo que se habían puesto sus mejores ropas y estaban preparados para hundirse como caballeros. La frase fue repetida durante décadas y terminó convertida en una de las declaraciones más conocidas del naufragio.

Sin embargo, como ocurre con muchos momentos del Titanic, existen distintas versiones. La frase popularizada posteriormente por el cine añadió detalles, incluida una petición de brandy, que no forma parte del testimonio histórico más sólido. El relato comprobable sigue siendo suficientemente extraordinario sin necesidad de adornarlo.

Guggenheim también pidió a Etches que transmitiera un mensaje a su esposa, Florette, en Nueva York. Quería que supiera que había hecho todo lo posible por cumplir con su deber. Otro relato le atribuyó una frase más extensa en la que afirmaba que ninguna mujer permanecería en el barco por culpa de su cobardía.

Algunos supervivientes recordaron que llevaba una flor en el ojal y que fumaba un cigarro mientras continuaba ayudando. No es posible reconstruir cada segundo de sus últimos momentos, pero varios testimonios coinciden en la imagen general: aceptó que probablemente moriría y dedicó el tiempo restante a colaborar con la evacuación.

El Titanic desapareció bajo el Atlántico Norte durante la madrugada del 15 de abril. Guggenheim, Giglio y más de 1,400 personas murieron. El cuerpo de Benjamin Guggenheim nunca fue identificado ni recuperado.

La historia de Benjamin Guggenheim en el Titanic sobrevivió porque muestra una reacción poco común frente a una muerte inevitable. Su riqueza no pudo comprarle un lugar en un bote, pero sus últimas decisiones le dieron algo que el dinero tampoco garantizaba: ser recordado por la forma en que actuó cuando ya no podía salvarse.

El Especialito

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