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El accidente de Goiânia: el polvo azul que parecía mágico y terminó en tragedia

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Original de Helix84. Elaboración de Tibidibtibo. Consecuencias para la salud de las 46 personas más gravemente afectadas por el accidente de Goiânia: he obtenido los datos de un informe del OIEA y los he utilizado para crear este gráfico de barras. Autor: Adruki. Vía Wikimedia Commons

El accidente de Goiânia es uno de los desastres radiológicos más impactantes jamás registrados. Lo que comenzó con el hallazgo de una máquina abandonada terminó provocando contaminación masiva, cientos de personas expuestas a la radiación y una tragedia que aún se recuerda en Brasil.

Todo ocurrió en septiembre de 1987 en la ciudad de Goiânia. Dos recolectores de chatarra entraron en un hospital abandonado y encontraron un equipo de radioterapia que había sido dejado atrás. Creyendo que contenía materiales valiosos, desmontaron parte del aparato y se llevaron una cápsula metálica sin saber que albergaba cesio-137, una sustancia altamente radiactiva.

Al abrir el contenedor, descubrieron un polvo azul brillante que emitía una tenue luminosidad en la oscuridad.

Lejos de generar alarma, el material despertó curiosidad.

El responsable de un depósito de chatarra, Devair Ferreira, quedó fascinado por el resplandor. Mostró el contenido a familiares, amigos y vecinos. Algunas personas llevaron pequeñas cantidades a sus hogares. Otras se lo aplicaron sobre la piel como si fuera pintura decorativa, atraídas por su apariencia casi mágica.

El accidente de Goiânia comenzó a revelar su gravedad pocos días después. Quienes habían estado en contacto con el material empezaron a sufrir vómitos, mareos, quemaduras y síntomas que los médicos inicialmente tuvieron dificultades para explicar.

Entre las víctimas más conocidas estuvo Leide das Neves Ferreira, una niña de seis años que manipuló el polvo radiactivo e incluso ingirió pequeñas cantidades accidentalmente mientras comía. Su estado empeoró rápidamente y falleció semanas después.

Cuando las autoridades identificaron finalmente la fuente de contaminación, descubrieron que la radiación se había extendido por distintos sectores de la ciudad. Más de 240 personas resultaron contaminadas y miles debieron someterse a exámenes médicos.

El accidente de Goiânia obligó a evacuar viviendas, retirar toneladas de tierra contaminada y demoler varias estructuras. Equipos especializados trabajaron durante meses para contener el desastre y evitar una exposición aún mayor.

Aunque el número de víctimas fue mucho menor que en accidentes nucleares como Chernóbil o Fukushima, Goiânia es considerado uno de los peores accidentes radiológicos de la historia porque ocurrió en un entorno urbano y fue causado por una fuente médica abandonada, no por una planta nuclear.

Décadas después, el caso sigue siendo estudiado como una advertencia sobre los riesgos de manejar materiales radiactivos sin controles adecuados. Lo más inquietante es que nadie buscaba causar daño. Todo comenzó porque un polvo azul brillante parecía inofensivo.

Y esa apariencia engañosa resultó ser mortal.

El Especialito

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