A pocos kilómetros del bullicio de Manhattan existe un lugar que muchos neoyorquinos jamás han visitado y del que pocos hablan. Se trata de Hart Island, una pequeña isla ubicada en el Bronx que durante más de 150 años ha servido como cementerio público de Nueva York.
Conocida popularmente como “la isla de los muertos”, Hart Island alberga más de un millón de personas enterradas, lo que la convierte en uno de los camposantos más grandes de Estados Unidos.
La historia de la isla es tan fascinante como inquietante.
Antes de convertirse en cementerio, Hart Island tuvo múltiples usos. A lo largo de los siglos fue campo de entrenamiento militar, hospital psiquiátrico, prisión, reformatorio juvenil y centro de cuarentena durante epidemias. Sin embargo, su función más conocida comenzó en 1869, cuando la ciudad decidió utilizarla para enterrar a personas sin recursos económicos, individuos no reclamados por familiares y víctimas de grandes tragedias.
Desde entonces, miles de cuerpos han llegado cada año a la isla.
Las sepulturas siguen un sistema particular. Los ataúdes se colocan en largas zanjas organizadas en filas. Tradicionalmente, los adultos eran enterrados en grupos y los niños en secciones separadas. Este método permitía aprovechar el espacio disponible y mantener registros precisos de cada entierro.
Durante décadas, gran parte del trabajo de excavación fue realizado por reclusos de la prisión de Rikers Island, una práctica que llamó la atención de organizaciones de derechos humanos y que contribuyó a la reputación sombría de Hart Island.
La isla también desempeñó un papel importante durante momentos de crisis. Allí fueron enterradas víctimas de la epidemia de sida en los años ochenta, personas fallecidas durante olas de calor extremas y, más recientemente, algunos fallecidos durante los momentos más críticos de la pandemia de COVID-19.
Estas imágenes recorrieron el mundo y volvieron a poner el foco sobre este lugar poco conocido.
Durante muchos años, el acceso a Hart Island estuvo fuertemente restringido. Los familiares que deseaban visitar las tumbas de sus seres queridos enfrentaban numerosos obstáculos burocráticos. Sin embargo, en los últimos años la ciudad ha impulsado cambios para facilitar las visitas y mejorar el acceso a los registros históricos.
Lo que hace tan especial a Hart Island no es únicamente su tamaño, sino las historias que guarda. Cada tumba representa una vida que, por distintas circunstancias, terminó lejos de los cementerios tradicionales.
En una ciudad famosa por sus rascacielos, luces y millones de habitantes, existe una isla silenciosa donde descansan más de un millón de personas. Un lugar casi invisible para la mayoría, pero que forma parte de la historia más humana y desconocida de Nueva York.