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Lukaku revive a Bélgica y cambia el destino de un Mundial que parecía perdido

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Lukaku, en el partido contra Senegal. EFE/EPA/STEPHEN BRASHEAR

Lukaku volvió a demostrar por qué Bélgica no podía llegar al Mundial 2026 sin él. El delantero no está para jugar todos los minutos, ni atraviesa el momento físico más cómodo de su carrera, pero su presencia cambió el destino de un partido que parecía perdido. Con Bélgica 0-2 abajo ante Senegal y al borde de la eliminación, Romelu Lukaku entró desde el banquillo, marcó en el minuto 86 y abrió el camino de una remontada agónica que terminó 3-2 en tiempo extra.

La clasificación belga a octavos de final tuvo mucho de sufrimiento, algo de milagro y bastante jerarquía individual. Senegal fue superior durante más de 80 minutos, jugó con intensidad, golpeó primero con Habib Diarra y amplió la ventaja con Ismaïla Sarr al inicio del segundo tiempo. Bélgica lucía sin respuestas, con un colectivo gris y varias de sus figuras lejos del nivel esperado.

Ahí apareció Lukaku. Rudi García lo había defendido antes del torneo con una frase simple y contundente: hablaba del máximo goleador histórico de Bélgica, del “9” de la selección y de un líder imposible de dejar fuera. Cuatro partidos después, esa decisión pesa mucho más. El delantero volvió a ser el recurso más valioso de un equipo que necesita su pegada para sobrevivir.

El atacante no necesitó demasiado para impactar. En el minuto 86, después de una parada clave de Thibaut Courtois que evitó el 0-3, Lukaku aprovechó una asistencia de Thomas Meunier y marcó el 1-2. Fue un solo remate, un gol. Esa es la clase de eficacia que explica sus 92 tantos con la camiseta belga y su lugar como máximo anotador histórico de los Diablos Rojos.

El gol cambió el clima del partido. Senegal, que había tenido la clasificación muy cerca, empezó a sentir la presión. Bélgica, que parecía eliminada, encontró energía donde antes solo había frustración. Tres minutos después, Youri Tielemans apareció para marcar el 2-2 y forzar la prórroga.

En el tiempo extra, Courtois volvió a ser clave para mantener con vida a Bélgica, mientras Senegal intentaba recuperarse del golpe emocional. La definición llegó en el 120+5, cuando una acción revisada por el VAR terminó en penalti a favor del equipo europeo. Tielemans asumió la responsabilidad y transformó el 3-2 definitivo, un gol histórico por lo tardío y devastador para los africanos.

La pena máxima también dejó una imagen reveladora. Según reportes de la prensa belga, Lukaku tomó primero el balón, pero terminó entregándoselo a Tielemans. No se sintió mentalmente preparado para ejecutarlo con garantías. Lejos de restarle valor, ese gesto habla de un jugador que entendió el momento y puso al equipo por encima del protagonismo personal.

La temporada de Lukaku no ha sido sencilla. Lesiones, falta de ritmo y problemas físicos lo alejaron de muchos partidos entre club y selección. Hasta finales de abril, su presencia en el Mundial no estaba asegurada. Pero trabajó para llegar, convenció al cuerpo técnico y aceptó un rol distinto: menos minutos, más impacto.

Ese papel le está funcionando a Bélgica. Ya había sido decisivo ante Egipto, cuando entró y provocó el gol que igualó el partido. También marcó ante Nueva Zelanda pocos minutos después de ingresar. Frente a Senegal, su impacto fue mayor: encendió una remontada que parecía imposible y evitó una eliminación temprana.

Bélgica sigue viva, aunque con dudas colectivas evidentes. Kevin De Bruyne y Jeremy Doku todavía no han logrado sostener al equipo como se esperaba, y el funcionamiento general sigue siendo irregular. Pero con Courtois en la portería y Lukaku como arma de emergencia, los belgas tienen dos figuras capaces de cambiar partidos extremos.

El próximo desafío será Estados Unidos en octavos de final. Bélgica llega golpeada, exigida y advertida, pero también reforzada por una noche que puede unir al grupo. Lukaku lo resumió tras el partido: victorias así sirven para juntar más al equipo. Y en un Mundial, a veces eso vale tanto como jugar bien.

El Especialito

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