Mucho antes de las modernas técnicas forenses, Nueva York tenía una solución tan práctica como inquietante para un problema constante: los cuerpos que aparecían en sus aguas. La respuesta fue la morgue flotante del East River, una estructura que durante décadas se convirtió en uno de los lugares más extraños de la ciudad.
A finales del siglo XIX y principios del XX, era relativamente frecuente que las autoridades encontraran cadáveres en el East River, el Hudson y otros cuerpos de agua cercanos. Algunos eran víctimas de accidentes, otros de suicidios, enfermedades o crímenes. Muchos no llevaban documentos y nadie sabía quiénes eran.
Para gestionar esta situación, la ciudad creó una morgue instalada sobre una barcaza flotante.
La morgue flotante del East River estaba anclada cerca de Bellevue Hospital y funcionaba como un centro temporal para almacenar e intentar identificar cuerpos recuperados de las aguas de Nueva York. Allí acudían familiares, curiosos, periodistas y policías con la esperanza de reconocer a alguna de las personas fallecidas.
Las condiciones eran muy diferentes a las de una morgue moderna. La refrigeración era limitada y los procedimientos forenses estaban aún en desarrollo. Los cuerpos eran exhibidos para facilitar su identificación, una práctica que hoy resultaría impensable para muchas personas.
La fama de la morgue creció rápidamente.
Numerosos periódicos de la época publicaban listas detalladas de cadáveres recuperados y describían objetos encontrados junto a ellos. La morgue flotante del East River terminó convirtiéndose en una parada habitual para reporteros que cubrían sucesos policiales y tragedias urbanas.
El lugar también inspiró relatos, fotografías y leyendas. Algunos visitantes describían la experiencia como profundamente perturbadora. Otros la consideraban una ventana a la cara más oscura de una ciudad que crecía a gran velocidad.
Con el paso del tiempo, los avances en medicina forense, infraestructura hospitalaria y transporte hicieron innecesario mantener una instalación flotante. Las funciones de identificación y almacenamiento de cuerpos fueron trasladadas a instalaciones permanentes en tierra firme.
Sin embargo, la historia de la morgue flotante del East River sigue siendo una de las más curiosas de Nueva York. Refleja una época en la que la ciudad debía improvisar soluciones para problemas derivados de su rápido crecimiento y de su estrecha relación con los ríos que la rodeaban.
Hoy quedan pocas huellas físicas de aquella morgue. Pero durante décadas, cientos de cuerpos pasaron por sus salas, convirtiéndola en uno de los lugares más insólitos y sombríos de la historia neoyorquina.