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Tate McRae y el regreso del pop de cuerpo entero

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London (United Kingdom), 02/03/2024.- Tate McRae performs during the 2024 BRIT Awards ceremony at The O2 arena in London, Britain, 02 March 2024. The annual pop music awards are presented by the British Phonographic Industry (BPI). (Reino Unido, Londres) EFE/EPA/TOLGA AKMEN

Por Rocky Williams-Torres

Fotos: EFE/Dreamstime

Mucho antes de pensar en discos, charts o estadios, Tate McRae ya estaba aprendiendo a contar ocho tiempos.

Esa formación terminó dándole algo que hoy escasea en el pop: una artista para quien cantar y bailar forman parte de la misma conversación.

En su mundo, el cuerpo también canta.

Hubo una época en que esperábamos que nuestras estrellas pop lo hicieran todo.

Britney Spears podía lanzar una canción, convertir su video en evento y después subir a un escenario con una coreografía que medio mundo intentaría aprender frente al espejo.

Madonna y Janet Jackson habían elevado ese estándar antes, y Christina Aguilera perteneció a la misma generación de espectáculo total.

Tate McRae creció mirando precisamente ese tipo de pop.

La diferencia es que Tate no decidió aprender a bailar cuando consiguió un contrato discográfico. El baile llegó primero.

Nacida en Calgary, Canadá, empezó a entrenar desde niña bajo la influencia de su madre, que era instructora de danza.

Ballet, contemporáneo, competencias y jornadas larguísimas de ensayo ocuparon buena parte de su infancia.

A los 13 años terminó en tercer lugar en So You Think You Can Dance: The Next Generation, después de competir frente a millones de personas en televisión.

En ese momento, una carrera profesional como bailarina parecía perfectamente posible.

Tate había entrenado en la School of Alberta Ballet, participado en competencias internacionales y hasta había bailado en el escenario durante una parada de la gira Purpose de Justin Bieber.

Pero había otra cosa ocurriendo en paralelo.

Del espejo al micrófono

McRae escribía poesía y canciones.

Empezó a compartirlas en YouTube dentro de su serie Create With Tate, y una de aquellas primeras composiciones, “One Day”, explotó en internet.

El interés de las disqueras llegó poco después y terminó firmando con RCA.

Entonces “you broke me first” la presentó a una audiencia mucho mayor, aunque aquella primera etapa de Tate estaba dominada por baladas melancólicas y una imagen bastante distinta de la artista que conocemos ahora.

“greedy” cambió la percepción.

El hit puso nuevamente el movimiento en primer plano y dejó ver lo que ocurría cuando Tate juntaba sus dos carreras en lugar de tratarlas por separado.

Ella misma ha hablado de crecer obsesionada con los videos de Britney, Christina y Madonna, precisamente porque ofrecían la experiencia completa.

La canción importaba, pero también la coreografía, el vestuario y la forma en que una estrella ocupaba el escenario.

Por eso las comparaciones con Britney aparecen constantemente alrededor de Tate.

La intención no debería ser convertirla en “la nueva Britney”, una etiqueta demasiado fácil para cualquiera que baile bien y haga pop.

Lo interesante es que McRae parece entender qué hacía tan emocionante aquella generación: el espectáculo no empezaba cuando terminaba la canción.

Era parte de la canción.

El cuerpo también canta

Con So Close to What, Tate terminó de convertir esa idea en identidad.

El álbum llegó al número uno del Billboard 200, el primero de su carrera, mientras “Sports Car” y “Revolving Door” siguieron desarrollando una estética donde movimiento, cámara y música funcionan juntos.

“Just Keep Watching”, creada para F1 The Movie, le consiguió además su primera nominación al Grammy.

Ahora “Housewife” abre el próximo capítulo.

El sencillo juega con independencia, fama y la idea de una mujer que puede querer amor sin necesitar que otra persona defina su vida.

Su video, filmado en el sur de Francia, vuelve a utilizar el movimiento como parte central de la historia, no como algo añadido porque una canción pop necesita treinta segundos de coreografía.

Eso quizá sea lo que distingue más claramente a Tate McRae.

Su voz llegó después de años aprendiendo a contar con el cuerpo, y esa memoria sigue apareciendo cada vez que pisa un escenario.

Puede detenerse frente a un micrófono y cantar, pero da la impresión de que una parte de ella siempre está esperando el siguiente conteo.

A los 23 años, Tate ya no es la bailarina que decidió probar suerte cantando.

Es una estrella pop cuya historia comenzó con los pies antes que con la voz.

Y ahora que el pop vuelve a pedir espectáculo completo, ella lleva años de ventaja.

El Especialito

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