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Curazao sueña con hacer historia ante Costa de Marfil en Filadelfia

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Aficionados de Curazao celebran en un partido del grupo E del Mundial de la FIFA 2026. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Una pequeña hinchada con una ilusión enorme

Los seguidores de Curazao no son multitud, pero en Filadelfia se hicieron sentir con una fidelidad que explica mucho del momento que vive su selección. Los llamados Tiburones Azules llegan este jueves al duelo ante Costa de Marfil con una posibilidad real de hacer historia en el Mundial 2026.

El partido, correspondiente a la tercera y definitiva jornada del grupo E, se disputa en el Lincoln Financial Field. Para Curazao, el escenario es claro: una victoria ante los Elefantes le daría su primer triunfo en una Copa del Mundo y lo pondría en la siguiente ronda, siempre dentro de los escenarios de clasificación del grupo.

La ilusión creció después del empate 0-0 ante Ecuador, un resultado inesperado y muy celebrado tras la dura derrota 7-1 frente a Alemania en el debut. Aquel punto no solo cambió el ánimo de la selección, también movilizó a una hinchada que entiende que esta puede ser una tarde irrepetible.

Desde Willemstad hasta Filadelfia

Entre los aficionados que viajaron está Eric Frai, quien junto a un amigo hizo un trayecto de unas ocho horas desde Willemstad, capital de Curazao, hasta Filadelfia, con escala en Miami.

“Vale totalmente la pena para estar aquí hoy”, contó a EFE en las afueras del estadio, hablando en un español fluido. El idioma no resulta extraño en Curazao, una isla caribeña muy expuesta al español por su cercanía con Venezuela.

Para Frai, el golpe contra Alemania ya quedó atrás. El empate ante Ecuador demostró que el equipo puede competir, resistir y soñar. Su pronóstico es optimista: una victoria 1-0 o 2-1 ante Costa de Marfil.

Sus esperanzas descansan en jugadores como Tahith Chong, mediocampista ofensivo del Sheffield United formado en la cantera del Manchester United, y Livano Comenencia, lateral del Zurich suizo.

Tahith Chong, Eloy Room y los nombres de la esperanza

“¡Tahith Chong!”, gritó al unísono la familia Betrian, también llegada desde Willemstad. Como muchos aficionados curazoleños, ven en Chong a uno de los futbolistas capaces de cambiar el partido.

Otro nombre clave es Eloy Room. El guardameta fue fundamental en el empate ante Ecuador, con una actuación que sostuvo a Curazao bajo presión y le permitió sumar el primer punto mundialista de su historia. Reportes deportivos destacaron que Room realizó 15 atajadas en aquel partido, una actuación que elevó todavía más su figura dentro del torneo.

La selección, debutante en una Copa del Mundo, ya logró algo poco común: convertirse en una de las historias más queridas del torneo. Curazao es el país más pequeño que ha disputado un Mundial, y su presencia ha generado una ola de simpatía por la mezcla de orgullo, resistencia y sentido de pertenencia que transmite el equipo.

Aficionados locales se suman a la causa

La emoción no quedó limitada a los seguidores llegados desde el Caribe. La familia Mateer, procedente de Allentown, Pensilvania, decidió apoyar a Curazao para este partido.

Un conocido les consiguió entradas, pero con una condición: debían respaldar a una de las llamadas cenicientas del torneo. Aceptaron el reto y compraron camisetas de los Tiburones Azules para los cuatro miembros de la familia.

“Un país pequeño jugando con energía y orgullo; es de las cosas que solo se ven en un Mundial”, explicó George Mateer, padre de la familia, antes de entrar al estadio.

El clan se declaró seguidor de los hermanos Juninho y Leandro Bacuna, otros dos referentes de una selección que ha convertido su debut mundialista en un relato de identidad.

Una oportunidad contra un rival poderoso

Costa de Marfil llega como favorita y con más margen en la tabla. Según los escenarios del grupo E, los Elefantes pueden avanzar con una victoria o un empate, mientras que Curazao necesita ganar para sostener su sueño.

La diferencia de plantel y experiencia es evidente. Sin embargo, Curazao ya demostró que puede resistir ante rivales de mayor jerarquía. Su empate contra Ecuador fue una prueba de carácter y disciplina, y también una invitación a creer.

Este jueves, en Filadelfia, la selección caribeña no solo juega por tres puntos. Juega por su primera victoria mundialista, por una clasificación histórica y por una hinchada que cruzó el continente para ver si el fútbol vuelve a regalar una de esas historias que parecen imposibles hasta que ocurren.

El Especialito

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