Los latkes son sencillos solo en apariencia. Detrás de cada tortita dorada hay técnica, atención y una idea clara de textura. Papa rallada, cebolla, huevo y harina. Nada más. El objetivo no es que queden bonitos, sino que crujan al morder y se mantengan suaves en el centro. Esa combinación es la razón por la que se repiten año tras año.
Tradicionalmente asociados con Hanukkah, los latkes también aparecen fuera del calendario festivo porque funcionan. Se comen calientes, recién salidos del aceite, y no esperan a nadie. Son comida de mesa compartida, de manos rápidas y platos que se vacían antes de volver a llenarse.
Ingredientes
- 1 kg de papas
- 1 cebolla mediana
- 2 huevos
- 3 cucharadas de harina de trigo
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
- Aceite vegetal para freír
Preparación
- Pela las papas y rállalas con rallador grueso.
- Ralla también la cebolla y mézclala con la papa.
- Coloca la mezcla en un paño limpio y exprime bien para eliminar la mayor cantidad de líquido posible.
- Pasa la papa y la cebolla a un bol y añade los huevos, la harina, la sal y la pimienta. Mezcla bien.
- Calienta una capa generosa de aceite en una sartén amplia a fuego medio alto.
- Coloca porciones de la mezcla en el aceite caliente y aplánalas ligeramente con una cuchara.
- Fríe hasta que estén bien doradas por un lado, voltea y dora el otro.
- Retira y escurre sobre papel absorbente. Sirve de inmediato.
Consejos útiles
- Exprimir bien la papa es clave para que queden crujientes.
- No sobrecargues la sartén. El aceite debe mantenerse caliente.
- Ajusta la sal antes de freír el primer latke si es necesario.
- Si se enfrían, puedes devolverlos brevemente al horno para recuperar textura.
Los latkes se sirven calientes, sin adornos innecesarios. Pueden acompañarse con crema agria o compota de manzana, pero funcionan igual solos. Son una receta que no busca modernizarse ni explicarse demasiado. Crujen, se comparten y se repiten. Esa es toda la lógica que necesitan.









