Dos astronautas de la NASA completaron este martes una exigente caminata espacial para reparar el Canadarm2, el brazo robótico de la Estación Espacial Internacional, una herramienta esencial para las operaciones externas del laboratorio orbital.
Chris Williams y Jessica Meir trabajaron durante 7 horas y 20 minutos fuera de la estación. La misión consistió en sustituir una articulación de la muñeca del brazo robótico, luego de que el sistema presentara una falla el pasado 27 de mayo. Según la NASA, el problema se detectó cuando el motor registró un consumo elevado de corriente y no respondió como estaba previsto.
La caminata comenzó a las 8:20 de la mañana, hora del este de Estados Unidos, y finalizó a las 3:40 de la tarde. Durante ese tiempo, los astronautas retiraron la pieza defectuosa e instalaron el componente de reemplazo en el sistema robótico.
El Canadarm2 es una de las herramientas más importantes de la Estación Espacial Internacional. Este brazo robótico, aportado por Canadá, ayuda en la captura de naves de carga, tareas de mantenimiento, ensamblaje, inspecciones externas y apoyo a caminatas espaciales. En pocas palabras, es una especie de “mano” mecánica de la estación.
La NASA explicó que este tipo de reparaciones son normales después de más de 25 años de operaciones continuas. El sistema fue diseñado con componentes reemplazables, precisamente para permitir mantenimiento en órbita. Esa capacidad es clave, ya que la estación no puede depender de soluciones improvisadas cuando se trata de equipos tan importantes.
Después de la reparación, el centro de control de la NASA en Houston volvió a encender el brazo robótico y revisó sus conexiones. En los próximos días, los controladores comenzarán a moverlo de forma gradual para confirmar que funciona correctamente.
Para Williams, esta fue su segunda caminata espacial. Para Meir, fue la quinta. La operación también quedó registrada como la número 280 dedicada al montaje, mantenimiento y mejora de la Estación Espacial Internacional.
La reparación del Canadarm2 refuerza una idea central de la exploración espacial: incluso a más de 400 kilómetros de la Tierra, el mantenimiento sigue siendo parte diaria de la misión. Cada pieza cuenta. Y cuando una herramienta crítica falla, el trabajo humano en el espacio sigue siendo insustituible.