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El dulce Veneno de la envidia: La Sombra del Rencor

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NOVELA CAPÍTULO 2

La Sombra del Rencor

Por: Isis Sánchez

Publicado originalmente en la Edición 1578, del 25 de septiembre al 1 de octubre de 2026.

Andrés, siempre observador y discreto, le dio un suave toque en el hombro. Parece que Victoria ha encontrado algo interesante, Bella. Relájate.

Relajarme protestó Isabella, la voz tensa. ¿Crees que me voy a relajar mientras ella le roba lo que es mío? La semilla del odio había sido sembrada, no sólo por el amor, sino por el prestigio. En ese instante, Isabella juró que esa incipiente conexión terminaría, sin importar el costo.

Las semanas siguientes al evento se convirtieron en un cuento de hadas para Victoria y una tortura para Isabella. Alejandro se mostró ser el hombre atento y profundo que Victoria anhelaba. Sus citas no se limitaban a cenas de gala; él la llevaba a galerías de arte modernas, caminatas inesperadas y la desafiaba intelectualmente, valorando su mente más que su apellido.

Los padres de Alarcón estaban encantados. La alianza con los Velasco representaba una fusión de dinastías que aseguraba su legado por generaciones.

El destino nos sonríe, Ricardo, comentó Doña Elena a su esposo, radiante. Mientras tanto, Isabella se obligó a sonreír. Actuaba como la hermana mayor afectuosa, enviando mensajes de apoyo a Victoria y organizando “citas dobles” forzadas, donde utilizaba cada oportunidad para estudiar a Alejandro. Buscaba una grieta, un error, una infidelidad pasada que pudiera explotar.

Una tarde, mientras la familia tomaba el té en la terraza, llegó Tía Sofía. Hermana de Doña Elena, Sofía era una mujer elegante, perspicaz y la única que no se dejaba engañar por el brillo del dinero.

Tía Sofía tomó la mano de Victoria.

Pareces feliz de verdad, niña. Cuida eso. La felicidad verdadera es un imán para las miradas envidiosas.

Victoria sonrió. No tengo nada que temer.

Isabella, que hojeaba una revista con una expresión de tedio forzado, levantó la mirada. ¿Temerle a qué, tía? ¿A que Victoria sea más afortunada que yo? Ella lo merece.

La Tía Sofía no quitó los ojos de Isabella. El problema de la envidia, Isabella, no es el deseo de tener lo que el otro tiene. Es el deseo de que el otro no lo tenga. Y esa clase de oscuridad, querida, siempre encuentra la manera de salir.

El comentario fue un dardo directo. Doña Elena, incómoda, desvió la atención hablando del último viaje a Mónaco, pero la tensión se había instalado.

Lejos de la terraza, en su ala privada de la mansión, Isabella puso su plan en marcha. No había encontrado nada en el pasado de Alejandro que pudiera considerarse un escándalo público. Era demasiado correcto, demasiado centrado en su trabajo.

Si no hay debilidades, las creo…, se dijo Isabella frente a su espejo, la imagen de la perfecta dama rota por la mueca de determinación.

Utilizó sus contactos en la prensa del corazón y un investigador privado de baja categoría. Su objetivo no era descubrir un secreto, sino fabricar una coartada perfecta.

Revisando un viejo álbum de recortes de la élite de hace un par de años, encontró la foto de una joven y ambiciosa de clase alta y acomodada, Valeria Montes, que había intentado sin éxito un acercamiento con Alejandro antes de irse al extranjero.

Isabella consiguió el número de Valeria.

Isabella llamó a Valeria. La conversación fue breve y concisa, centrada en un pago sustancial a cambio de un “pequeño favor”.

Sólo tienes que aparecer en un lugar, en el momento que te indique, y contar una historia muy convincente. Una historia de un corazón roto y una promesa incumplida…, explicó Isabella con voz melosa, pero firme.

Valeria, con problemas financieros en el extranjero, aceptó el acuerdo sin dudarlo. El dinero de los Alarcón era demasiado tentador.

El Especialito

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