Los últimos neandertales no eran tan aislados como se creía
Un nuevo estudio sobre restos de neandertales del noroeste de Europa revela que algunas de sus últimas poblaciones tenían una diversidad genética mayor de lo que se pensaba. El hallazgo cuestiona una de las explicaciones más repetidas sobre su desaparición: que la especie se extinguió principalmente por vivir en grupos pequeños, aislados y afectados por la endogamia.
La investigación, publicada en Nature y dirigida por la paleogenetista Alba Bossoms Mesa, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, analizó 27 genomas de neandertales procedentes de diez yacimientos de Bélgica y Francia. Entre ellos se incluyó un nuevo genoma de alta calidad de una mujer neandertal que vivió hace unos 45.000 años en la cueva de Goyet, en Bélgica.
El trabajo también contó con la participación de Svante Pääbo, ganador del Nobel por sus descubrimientos sobre evolución humana, y de otros especialistas en ADN antiguo.
Comunidades más amplias y conectadas
Hasta ahora, varios estudios habían mostrado que algunos grupos de neandertales, como los de la región de Altái, en Siberia, vivían en comunidades reducidas y con señales claras de endogamia. Esa evidencia llevó a pensar que el deterioro genético pudo haber contribuido de forma decisiva a la desaparición de la especie.
Sin embargo, los nuevos datos ofrecen una imagen más compleja. Los neandertales tardíos del noroeste europeo no muestran señales de cruces entre parientes cercanos. Al contrario, parecen haber formado parte de una población regional más amplia, diversa y conectada.
Eso no significa que todos los grupos de neandertales estuvieran en buen estado genético. Más bien indica que no todos desaparecieron bajo las mismas condiciones. Algunas poblaciones sí pudieron sufrir aislamiento y pérdida de diversidad, mientras otras mantuvieron una estructura social más abierta hasta etapas muy tardías.
Una extinción más compleja
El paleogenetista Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva, explicó en una perspectiva publicada en la misma revista que la falta de diversidad genética se había usado como una de las grandes hipótesis para explicar la extinción neandertal.
La nueva investigación no descarta que los neandertales fueran vulnerables desde el punto de vista demográfico. Pero no respalda la idea de que su final se debiera de manera general a una acumulación de mutaciones dañinas o a un colapso genético uniforme.
Al comparar el genoma de Goyet con otros más antiguos, los investigadores no encontraron una reducción clara de diversidad genética. Tampoco hallaron pruebas de una carga acumulada de mutaciones dañinas en estos grupos tardíos.
La conclusión es importante: la extinción de los neandertales no puede explicarse con una sola causa ni con un mismo patrón para toda Europa.
Una asimetría genética llamativa
El estudio también detecta un dato especialmente interesante. Aunque los humanos modernos de aquella época conservan ADN neandertal, los neandertales tardíos analizados no muestran ADN reciente de Homo sapiens.
Bossoms Mesa describió ese patrón como una asimetría sorprendente. Una y otra vez aparecen señales de ascendencia neandertal en humanos modernos tempranos, pero no se han encontrado pruebas claras de ascendencia humana moderna reciente en los últimos neandertales.
Los autores plantean varias posibles explicaciones. Una opción es que existieran barreras biológicas que dificultaran la supervivencia o reproducción de descendientes mixtos en comunidades neandertales. Otra posibilidad es que hubiera barreras sociales o culturales, por ejemplo, que esos niños fueran criados dentro de grupos de Homo sapiens y no entre neandertales.
Otra mirada a la convivencia humana
Los últimos neandertales del noroeste europeo probablemente convivieron durante muchas generaciones con los primeros humanos modernos. Esa coincidencia en tiempo y espacio hace más relevante la ausencia de ADN sapiens en sus genomas.
El hallazgo no niega los contactos entre ambas especies. De hecho, la presencia de ADN neandertal en humanos modernos confirma que hubo cruces. Lo que muestra es que ese intercambio genético no fue simétrico, o al menos no dejó la misma huella en ambos lados.
Esa diferencia puede ayudar a entender mejor la organización social de los neandertales, sus límites culturales y las formas en que interactuaron con los humanos modernos durante sus últimos milenios.
Una historia menos simple
Durante décadas, los neandertales fueron presentados como una especie condenada por su falta de adaptación, su aislamiento o su inferioridad frente al Homo sapiens. La genética moderna ha ido desmontando parte de esa imagen.
Este nuevo estudio refuerza una visión más matizada. Los neandertales no eran todos iguales, no vivían todos en comunidades cerradas y no desaparecieron por una sola razón.
Algunas poblaciones pudieron estar debilitadas. Otras, como las del noroeste de Europa, conservaron diversidad, conexiones regionales y una estructura social más robusta de lo esperado.
La desaparición de los neandertales sigue siendo una de las grandes preguntas de la evolución humana. Pero cada nuevo genoma recuperado permite afinar la respuesta. En este caso, la evidencia apunta a una historia menos lineal y más humana: la de grupos distintos, con trayectorias distintas, enfrentados a un mundo cambiante en el que no todos llegaron al final de la misma manera.