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Detectan nuevas señales del horizonte de un agujero negro tras una colisión

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Representación artística del horizonte de sucesos de un agujero negro. Crédito: Carl Know/OzGrav/Swinburne University

Una nueva mirada al punto de no retorno

El horizonte de sucesos de un agujero negro marca el límite más extremo del universo conocido. Más allá de esa frontera, nada puede escapar, ni siquiera la luz. Ahora, una investigación internacional aporta nuevos datos sobre ese punto de no retorno en uno de los momentos más violentos de la naturaleza: la colisión de dos agujeros negros.

El estudio, encabezado por la Universidad Nacional de Australia, contó con participación del Instituto de Aplicaciones Computacionales de Código Comunitario de la Universidad de las Islas Baleares y del Instituto Perimeter de Física Teórica, en Canadá. Sus resultados ofrecen evidencia observacional directa de señales asociadas al horizonte del agujero negro remanente formado tras la fusión.

Para llegar a esa conclusión, el equipo analizó datos de la onda gravitacional GW250114, una de las señales más potentes detectadas desde el descubrimiento de las ondas gravitacionales en 2015.

El último grito de la colisión

La clave del hallazgo está en una parte muy específica de la señal gravitacional: las llamadas ondas directas. Según explicó a EFE la investigadora Ornella Juliana Piccinni, estas ondas surgen durante la fase final de la fusión, cuando el sistema pasa de la colisión al nuevo agujero negro resultante.

Piccinni las describe como “el último grito” del sistema antes de asentarse definitivamente como un agujero negro. No son todavía las oscilaciones libres del objeto ya estabilizado, sino una radiación final emitida mientras el sistema cae, se reorganiza y se transforma.

El artículo disponible en arXiv señala que esas ondas directas contienen información relacionada con la frecuencia de rotación del horizonte y con la gravedad superficial del agujero negro.

Qué revelan las ondas directas

Las ondas directas permiten estudiar una zona extremadamente cercana al horizonte de sucesos y a la ergosfera, una región situada fuera del horizonte donde la rotación del agujero negro arrastra el espacio-tiempo.

Ese fenómeno se conoce como arrastre del marco de referencia. Piccinni lo compara con una cuchara que remueve miel y hace girar el fluido cercano. En el caso de un agujero negro, lo que gira no es un líquido, sino el propio espacio-tiempo alrededor del objeto.

La imagen ayuda a entender por qué estas señales son tan valiosas. Aunque no se puede observar directamente el centro del “vórtice”, sus efectos dejan una huella medible en las ondas gravitacionales.

Una prueba para la relatividad general

El hallazgo abre una nueva vía para probar la relatividad general de Albert Einstein en condiciones extremas. Las zonas cercanas al horizonte de sucesos son algunos de los entornos más intensos del universo, donde la gravedad domina de manera casi absoluta.

Según los investigadores, las propiedades medidas en GW250114 coinciden con las predicciones teóricas sobre cómo deberían comportarse esas ondas directas cerca del horizonte. El estudio reporta que la señal es compatible con los modelos esperados para un agujero negro en rotación.

Esto no solo fortalece las pruebas sobre la física de los agujeros negros. También puede ayudar a explorar una frontera todavía más profunda: la conexión entre la relatividad general y la física cuántica.

GW250114, una señal excepcional

La onda gravitacional GW250114 ha sido descrita como una señal de enorme calidad. Fue generada por la fusión de dos agujeros negros y permitió estudiar detalles que en eventos anteriores eran demasiado débiles para distinguirse con claridad.

Las ondas gravitacionales son pequeñas deformaciones en el tejido del espacio-tiempo. Se producen cuando ocurren fenómenos de enorme violencia cósmica, como la explosión de una estrella o la fusión de dos agujeros negros.

Desde la primera detección en 2015, estas señales han abierto una nueva forma de observar el universo. Ya no se trata solo de mirar con telescopios, sino de escuchar las vibraciones que dejan los eventos más extremos del cosmos.

Un paso hacia nuevas mediciones

El equipo también desarrolló una técnica analítica que puede ayudar a estudiar con mayor precisión la gravedad extrema cerca del horizonte de un agujero negro.

El avance no significa que los científicos hayan “visto” el horizonte de sucesos como si fuera una superficie visible. Lo que lograron fue medir señales que llevan información de esa región límite.

Esa diferencia es importante. En ciencia, una huella puede ser tan reveladora como una imagen directa, especialmente cuando se trata de objetos que por definición no dejan escapar luz.

La investigación marca un primer paso hacia futuras pruebas con ondas directas. Si nuevas detecciones confirman y refinan estos resultados, los científicos podrían tener una herramienta más poderosa para estudiar cómo se comporta el espacio-tiempo en sus condiciones más extremas.

En otras palabras, el choque de dos agujeros negros no solo produjo un objeto nuevo. También dejó una señal breve, profunda y cargada de información sobre una de las fronteras más misteriosas del universo.

El Especialito

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