No provoca fiebre, no duele y rara vez envía señales claras. Sin embargo, la inflamación crónica de bajo grado está presente en el origen de muchas de las enfermedades más comunes de la actualidad. Por eso se la considera un enemigo silencioso: actúa lentamente mientras el cuerpo parece estar funcionando con normalidad.
A diferencia de la inflamación aguda, que aparece como respuesta a una lesión o infección y desaparece al resolverse el problema, la inflamación crónica de bajo grado persiste durante meses o años.
Qué es la inflamación crónica de bajo grado
Se trata de una activación constante y leve del sistema inmunológico. No alcanza la intensidad suficiente para causar dolor evidente, pero sí altera procesos internos fundamentales.
Este tipo de inflamación afecta el metabolismo, el sistema cardiovascular, el cerebro y el equilibrio hormonal. Su presencia sostenida genera un desgaste progresivo que aumenta el riesgo de enfermedad con el tiempo.
Por qué no se percibe
El cuerpo se adapta a este estado inflamatorio. Al no existir un síntoma claro como dolor intenso o fiebre, muchas personas no son conscientes de que algo no está funcionando bien.
Las señales suelen ser vagas: cansancio persistente, dificultad para concentrarse, aumento de peso inexplicable, molestias digestivas leves o sensación general de malestar. A menudo se normalizan o se atribuyen al estrés o a la edad.
Su relación con enfermedades crónicas
La inflamación crónica de bajo grado se ha vinculado con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, algunos trastornos autoinmunes y problemas neurodegenerativos. También influye en la salud mental, ya que puede afectar neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo.
No causa estas enfermedades de forma directa, pero crea un terreno propicio para que se desarrollen.
Factores que la favorecen
El estilo de vida moderno juega un papel clave. Alimentación rica en productos ultraprocesados, falta de actividad física, estrés prolongado, sueño insuficiente y sedentarismo favorecen este estado inflamatorio.
También influyen desequilibrios hormonales, alteraciones del intestino y la exposición constante a estímulos estresantes.
Cómo se detecta
La inflamación crónica de bajo grado no siempre aparece en análisis básicos. Algunos biomarcadores pueden sugerir su presencia, pero la interpretación debe hacerse en contexto clínico.
Por eso, muchas personas reciben diagnósticos tardíos, cuando el daño ya es mayor.
La importancia de la prevención
Reducir la inflamación crónica de bajo grado no depende de una sola acción, sino de un enfoque integral. Alimentación equilibrada, movimiento regular, descanso adecuado y manejo del estrés tienen un impacto real.
No se trata de eliminar toda inflamación, ya que es una respuesta necesaria del cuerpo. Se trata de evitar que se vuelva permanente.
La inflamación que no duele suele ser la más peligrosa. Escuchar los cambios sutiles del cuerpo y no normalizar el malestar constante es una forma efectiva de prevención. La salud no siempre avisa con dolor, pero siempre deja pistas.









