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Sahelanthropus tchadensis refuerza su lugar como el primer homínido bípedo

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Cráneos, cúbito y fémures (de izquierda a derecha) de un chimpancé, un Sahelanthropus y un Australopithecus. ‘Sahelanthropus tchadensis’ se consolida como el antepasado humano más antiguo que caminó a dos piernas. Aunque sus huesos, de hace 7 millones de años, tienen un tamaño y forma similar al de los simios, su proporción es más parecida a los homínidos, según avanza una investigación recogida en Science Advances. Fotografía facilitada por Scott Williams/NYU y Jason Heaton

Un nuevo estudio ha vuelto a sacudir uno de los debates más intensos de la paleoantropología: cuándo y cómo comenzó el bipedismo humano. La investigación concluye que Sahelanthropus tchadensis bípedo es, hasta ahora, la evidencia más antigua conocida de un antepasado humano capaz de caminar sobre dos piernas, hace aproximadamente siete millones de años.

La especie fue descubierta a comienzos de los años 2000 en el desierto de Djurab, en Chad, y desde entonces ha sido objeto de controversia. Su cráneo, con un cerebro del tamaño de un chimpancé, no ofrecía respuestas definitivas. La clave estaba en el esqueleto postcraneal, que durante años permaneció poco estudiado.

Ahora, el análisis combinado de dos cúbitos parciales y un fémur ha permitido avanzar con más solidez. Aunque los huesos conservan proporciones generales similares a las de los simios, su relación entre brazos y piernas se acerca más a la observada en los homínidos primitivos.

El equipo de investigación utilizó dos enfoques complementarios. Por un lado, compararon directamente estos huesos con los de primates actuales y fósiles, incluidos Australopithecus como el famoso esqueleto de Lucy. Por otro, aplicaron morfometría geométrica en 3D, una técnica que permite analizar con gran precisión la forma y la disposición de las estructuras óseas.

Los resultados identifican varios rasgos clave asociados al bipedismo. El primero es la presencia de un punto de inserción del ligamento iliofemoral, una estructura esencial para mantener la postura erguida y que hasta ahora solo se había documentado en homínidos. A esto se suma una torsión del fémur característica de los caminantes bípedos, que orienta las piernas hacia delante y favorece una marcha estable.

El análisis tridimensional también reveló una disposición de los músculos glúteos comparable a la de los primeros homínidos. Estos músculos cumplen una función crítica al estabilizar las caderas durante la locomoción, permitiendo mantenerse de pie y desplazarse sobre dos piernas con mayor eficiencia.

Otro dato relevante es la proporción entre el fémur y el cúbito. En los simios, los brazos son relativamente largos y las piernas cortas. En cambio, los homínidos presentan piernas más largas en relación con los brazos. Aunque Sahelanthropus tchadensis no tenía extremidades inferiores tan largas como las humanas actuales, su proporción se acerca más a la de los primeros homínidos que a la de los grandes simios.

Según los autores, este conjunto de evidencias indica que Sahelanthropus era un primate que combinaba distintos tipos de locomoción. Probablemente pasaba parte del tiempo en los árboles, pero estaba anatómicamente adaptado para caminar erguido en el suelo. Esto sugiere que el bipedismo no surgió de forma brusca, sino como una estrategia flexible en un entorno cambiante.

La importancia del hallazgo radica en su cronología. Si se acepta que Sahelanthropus tchadensis bípedo caminaba a dos piernas, el origen del bipedismo se situaría muy cerca del momento en que las líneas evolutivas de los chimpancés y los humanos se separaron. Esto implicaría que caminar erguido fue una de las primeras adaptaciones distintivas del linaje humano.

No obstante, el debate sigue abierto. Algunos especialistas consideran que los restos disponibles aún son escasos y que permiten interpretaciones contrapuestas. La discusión refleja una realidad constante en el estudio de la evolución humana: cada nuevo fósil aporta respuestas, pero también genera nuevas preguntas.

Lo que sí parece claro es que Sahelanthropus tchadensis ocupa un lugar central en la historia evolutiva. Lejos de ser un simple simio fósil, emerge cada vez con más fuerza como una pieza clave para entender cómo y cuándo nuestros antepasados comenzaron a caminar sobre dos piernas.

El Especialito

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