El interés por el café y té contra la demencia ha crecido en los últimos años. Diversos estudios observacionales sugieren que consumir una taza diaria de estas bebidas con cafeína podría estar asociado con un menor riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.
Investigaciones publicadas en revistas médicas internacionales han encontrado que el consumo moderado de café y té contra la demencia podría relacionarse con una menor incidencia de Alzheimer y otras formas de deterioro cerebral. Los datos provienen de seguimientos a miles de personas durante varios años.
La cafeína es uno de los principales componentes estudiados. Actúa como estimulante del sistema nervioso central y puede mejorar temporalmente la atención y la memoria. Algunos científicos creen que también podría influir en procesos inflamatorios y en la acumulación de proteínas anormales en el cerebro, factores vinculados con la demencia.
El café contiene además antioxidantes como los polifenoles, que ayudan a combatir el estrés oxidativo. Este estrés celular se asocia con el envejecimiento cerebral. El té, especialmente el verde y el negro, también aporta compuestos antioxidantes que podrían tener un efecto protector.
Un estudio realizado en el Reino Unido observó que quienes consumían cantidades moderadas de café o té tenían menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes no los consumían. Otro análisis en Asia mostró resultados similares, aunque los investigadores enfatizaron que se trata de asociaciones y no de una relación directa de causa y efecto.
El concepto de café y té contra la demencia debe entenderse con cautela. No significa que estas bebidas sean una cura ni una garantía de protección. Factores como la genética, la actividad física, la alimentación y la salud cardiovascular influyen de manera significativa en el riesgo de deterioro cognitivo.
Los expertos recomiendan moderación. El consumo excesivo de cafeína puede provocar insomnio, ansiedad y alteraciones del ritmo cardíaco. Para la mayoría de los adultos sanos, una o dos tazas al día se consideran seguras según organismos de salud.
Mientras la ciencia continúa investigando, estos hallazgos refuerzan una idea interesante. Pequeños hábitos diarios, como disfrutar una taza de café o té, podrían formar parte de un estilo de vida que favorezca la salud cerebral a largo plazo.










