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Zoonosis: por qué las enfermedades que saltan de animales a humanos siguen bajo vigilancia

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© Planetfelicity | Dreamstime.com

Las zoonosis no son un fenómeno nuevo, pero cada brote recuerda por qué siguen siendo una prioridad para la salud pública. Se trata de enfermedades que pueden transmitirse de animales a humanos, ya sea por contacto directo, alimentos contaminados, insectos vectores o ambientes donde conviven personas y animales. Aunque algunas parecen recientes, la humanidad lleva miles de años conviviendo con ellas.

La viróloga española Margarita del Val, investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, explicó a EFE que las zoonosis existen desde el Neolítico, cuando la agricultura y la ganadería acercaron más a los humanos a roedores y animales domesticados. Ese contacto constante abrió nuevas oportunidades para que ciertos patógenos cruzaran la barrera entre especies.

Entre las zoonosis más conocidas de la historia está la peste, que devastó Europa en el siglo XIV. También hay ejemplos más recientes, como el MERS, asociado con camellos; la gripe aviar, vinculada a aves; el virus del Nilo Occidental, transmitido por mosquitos, y algunos hantavirus relacionados con roedores. La pandemia de covid-19 también volvió a colocar este tema en el centro de la conversación mundial.

Sin embargo, que una enfermedad animal llegue a los humanos no ocurre de forma automática. Según Del Val, hacen falta varios eventos poco frecuentes. Primero, el patógeno debe desarrollar cambios que le permitan multiplicarse en personas. Después, debe encontrar una población humana donde pueda transmitirse con suficiente facilidad. Por eso, muchas veces los virus circulan durante años en animales antes de que ocurra un salto exitoso.

La zoonosis también puede moverse en sentido contrario. Los humanos pueden transmitir enfermedades a los animales, un fenómeno conocido como zoonosis inversa. Durante la pandemia, por ejemplo, se documentaron contagios de coronavirus en distintas especies animales, incluyendo visones en granjas. Esto refuerza una idea clave: la salud humana, animal y ambiental están conectadas.

El cambio climático añade otro nivel de preocupación. El aumento de temperaturas puede favorecer la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores capaces de transmitir enfermedades en regiones donde antes eran menos comunes. Por eso, la vigilancia no puede limitarse a hospitales. También debe incluir animales domésticos, fauna silvestre, granjas, ecosistemas y cambios ambientales.

Las zoonosis no deben generar pánico, pero sí conciencia. La prevención depende de detectar señales temprano, responder rápido ante brotes, mantener buenas prácticas de higiene, controlar vectores y fortalecer la vigilancia científica. Como advierte Del Val, no se puede esperar a que las personas lleguen a cuidados intensivos para actuar. En salud pública, anticiparse sigue siendo la mejor defensa.

El Especialito

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