Colombia despidió a Totó la Momposina como ella probablemente habría querido: con tambores, baile, colores y una celebración popular de su legado.
La cantante, cuyo nombre de pila era Sonia Bazanta Vides, recibió este miércoles honores de Estado en el Capitolio Nacional, en Bogotá, después de fallecer el pasado 17 de mayo en Celaya, México, a los 85 años.
Su féretro llegó cubierto con la bandera colombiana, pero el ambiente estuvo lejos de un acto solemne tradicional. La familia de la artista pidió a músicos, artistas y ciudadanos no vestir de negro, sino de blanco o con colores, como una forma de celebrar la vida de una mujer que llevó los sonidos del Caribe colombiano por el mundo.
Totó nació el 15 de agosto de 1940 en Talaigua, en la región de la Depresión Momposina, en el departamento de Bolívar. De esa tierra tomó el nombre artístico con el que se convirtió en una de las voces más importantes de la música tradicional colombiana.
Una despedida con música ancestral
Mientras se realizaba la ceremonia oficial dentro del Capitolio, la plaza Bolívar se llenó de mujeres vestidas de blanco, músicos y bailarines que llegaron desde distintas regiones del país para despedir a la maestra.
La gaita, la cumbia, el bullerengue, el porro y el mapalé marcaron el ritmo de una jornada que convirtió el duelo en homenaje.
La imagen de Totó estuvo presente en la plaza, rodeada por los sonidos que ella defendió durante décadas. Su familia recordó una frase que la artista dijo en 2018 durante una entrevista con EFE en Mompox: “La música ancestral es la que llega al cielo”.
Ese pensamiento resume buena parte de su vida artística. Totó dedicó su carrera a preservar y expandir los sonidos afroindígenas, campesinos y ribereños de Colombia.
Honores en el Congreso
La ceremonia oficial estuvo encabezada por la vicepresidenta Francia Márquez, la senadora Aída Avella y el representante a la Cámara Juan Carlos Lozada.
Márquez agradeció a la artista por dar voz a territorios históricamente olvidados y por llevar con orgullo el nombre de Colombia. Avella, por su parte, la describió como la mejor embajadora de la cultura colombiana en el mundo.
El Congreso aprobó una resolución para rendir honores de Estado a Totó la Momposina. Entre las medidas figuran izar la bandera a media asta y ubicar su imagen en una de las salas del Legislativo.
El Ministerio de las Culturas también destacó su legado y la definió como una maestra fundamental, capaz de entender que la memoria de un país también se guarda en una canción.
La voz de una Colombia profunda
El hijo mayor de la artista, Marco Vinicio Oyaga Bazanta, recordó los orígenes de su madre y el valor de los ancestros en su obra.
“Ella nos recordaba quiénes somos, hacia dónde vamos y de dónde venimos”, expresó durante el homenaje.
Oyaga, quien acompañó a Totó durante 40 años de giras y escenarios internacionales, también recordó que en su casa “entraban todos”, sin importar su origen.
Según contó, su abuelo fue quien la nombró Totó, y desde entonces todos la llamaron así. Para él, sin embargo, seguía siendo “Totico”.
Una fiesta para cerrar el homenaje
La ceremonia concluyó con la agrupación Los Tambores de Totó, que interpretó algunos de los temas más recordados de la artista, entre ellos “La Candela Viva”, “El pescador” y “Aguacero de mayo”.
Las exequias de la cantante se realizarán este jueves en la Catedral Primada de Bogotá. El viernes habrá una ceremonia conmemorativa y un ritual privado de despedida en Mompox, a orillas del río Magdalena.
La despedida de Totó la Momposina no fue solo el adiós a una cantante. Fue el reconocimiento a una mujer que convirtió la memoria de su pueblo en música universal.
Su voz llevó al mundo una Colombia de ríos, tambores, mujeres cantadoras, raíces africanas, pueblos indígenas y tradición campesina. Y este miércoles, Colombia le respondió de la misma forma: cantando, bailando y recordando que su legado no se entierra. Se sigue tocando.