El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, coincidieron este miércoles en la cumbre de la OTAN en Ankara, pero no se observó contacto directo entre ambos en los momentos públicos previos al inicio de las sesiones.
La imagen llega en un momento de tensión diplomática entre Madrid y Washington, después de que Trump volviera a cargar contra España y amenazara con romper relaciones comerciales con el país. Durante una comparecencia junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el mandatario estadounidense calificó a España como una “causa perdida” y pidió cortar “todo el comercio”, incluidas las visitas.
Sánchez y Trump participaron en la tradicional foto de familia de la cumbre, celebrada antes de las reuniones formales de los líderes aliados. Trump se colocó en el centro de la imagen, junto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anfitrión del encuentro. Sánchez quedó ubicado a su izquierda, separado por el primer ministro británico, Keir Starmer, y el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, según el protocolo establecido.
Tampoco se observó un saludo o intercambio entre ambos en los instantes posteriores, cuando los líderes caminaron hacia la sala de reuniones. En ese breve recorrido sí se vieron conversaciones informales entre otros mandatarios, pero no entre el presidente estadounidense y el jefe del Ejecutivo español.
Sánchez acudió acompañado por la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Ya dentro de la sala, el puesto asignado al presidente español quedó separado por tres asientos del de Trump, otro detalle que refleja la distancia protocolaria en una cita marcada por diferencias políticas.
La noche anterior, durante la foto previa a la cena ofrecida por Erdogan, tampoco se observaron contactos entre los dos dirigentes. Esa ausencia de interacción pública contrasta con la tensión generada por las declaraciones de Trump, que han elevado el tono contra España en el marco de la reunión aliada.
El Gobierno español reaccionó con prudencia. Fuentes del Ejecutivo aseguraron recibir las palabras de Trump con “tranquilidad y normalidad” y recordaron que la Unión Europea funciona como una unión comercial. Eso significa que Estados Unidos no puede modificar de manera aislada su relación comercial con un solo Estado miembro sin considerar el marco comunitario y los acuerdos existentes entre Washington y Bruselas.
La disputa se suma a un contexto más amplio dentro de la OTAN. La cumbre de Ankara tiene como ejes principales el gasto en defensa, el reparto de cargas, el apoyo a Ucrania y el papel de Estados Unidos en la seguridad europea. Trump ha presionado repetidamente a los aliados para que asuman más responsabilidades militares y financieras.
España ha defendido su posición dentro de la Alianza, pero también ha mantenido diferencias con Washington en asuntos de política exterior y defensa. Esas diferencias se han convertido en uno de los focos de atención de la cumbre, aunque el Gobierno de Sánchez evita presentar el choque como una crisis bilateral abierta.
Para la OTAN, el episodio ocurre en un momento delicado. La Alianza intenta proyectar unidad frente a Rusia y reforzar su capacidad militar, pero las tensiones entre aliados muestran que el consenso interno sigue siendo frágil. Las declaraciones de Trump sobre España añaden presión a una reunión que ya venía marcada por debates sensibles.
Sánchez tiene previsto responder al final de la cumbre en una rueda de prensa. Hasta entonces, la imagen política del día queda clara: los dos líderes estuvieron cerca físicamente, pero lejos en gestos y mensajes. En Ankara, España y Estados Unidos comparten mesa aliada, pero atraviesan una de sus etapas más tensas dentro del marco transatlántico.