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El secreto de la mansión – Capítulo 7

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Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
Los capítulos más recientes se leen primero en la edición impresa.
Las partes anteriores están disponibles en nuestro sitio web.

En El secreto de la mansión capítulo 7, Eleanor descubre la llave oculta bajo el retrato familiar y se acerca más que nunca a la verdad sobre Ravenscroft Hall.

Por: Isis Sánchez / El Especialito

Eleanor no esperó al amanecer.

La casa permanecía en silencio, como si el incendio hubiera agotado hasta el último suspiro de Ravenscroft Hall. El retrato de su padre dominaba el salón principal, iluminado apenas por la luz gris del amanecer que se filtraba por los ventanales.

Elisa había sido clara.

“La llave está bajo el retrato.”

Eleanor se acercó con cautela. El marco era pesado, tallado con símbolos que parecían enredarse como raíces antiguas. Apoyó ambas manos y lo levantó apenas lo suficiente para deslizar los dedos por detrás.

Algo frío rozó su piel.

Una pequeña llave de hierro, oxidada por el tiempo.

La sostuvo frente a la luz. No era ornamental. Era práctica. Anticipada.

Alguien había querido que permaneciera allí.

Un ruido detrás de ella la hizo girarse.

Harrow observaba desde el umbral.

La encontró, dijo él con voz baja.

Eleanor asintió.

¿Sabía que estaría aquí?

No con certeza. Pero mi padre nunca hacía nada sin propósito.

Eleanor volvió la mirada al retrato.

¿Por qué esconderla así?

Porque este salón siempre fue el escenario. Aquí se fingían acuerdos. Aquí se celebraban herencias. Aquí se mentía.

La llave pesaba más de lo que parecía.

¿Y qué abre?

Harrow vaciló apenas un segundo.

Una puerta que no figura en los planos originales de la casa.

El corazón de Eleanor se aceleró.

¿Dónde?

En el ala este. Donde ahora duerme Lady Ashcroft.

El nombre flotó en el aire como una amenaza.

No podemos entrar allí, dijo Eleanor.

No, respondió él. Pero debemos hacerlo.

Un golpe seco resonó en el piso superior.

Ambos levantaron la mirada.

No estaban solos.

El retrato vibró levemente en la pared, como si la casa misma reaccionara al descubrimiento.

Eleanor cerró los dedos alrededor de la llave.

Entonces ya no hay vuelta atrás.

Harrow negó con la cabeza.

No la ha habido desde que cruzó la puerta de Ravenscroft Hall.

Un susurro recorrió el salón. No provenía de ningún lugar visible. Era apenas una corriente de aire, o tal vez algo más.

Eleanor sintió que el peso de la casa descansaba sobre sus hombros.

La llave no era solo metal.

Era una invitación.

O una sentencia.

El Especialito

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