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Artemis II logra un avance clave al estudiar por primera vez la cuenca Oriental de la Luna

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Fotografía cedida por la NASA de una imagen capturada por la tripulación de la misión Artemis II este lunes, de la mitad inferior de la Luna donde se observa la cuenca Orientale en la parte superior central de la imagen. La NASA compartió este martes una serie de imágenes capturadas por la tripulación de la misión Artemis II durante su paso por la cara oculta de la Luna, en la fase central de su misión. EFE/ NASA

La misión Artemis II ha marcado un nuevo hito en la exploración espacial al realizar un estudio directo de la cuenca Oriental de la Luna, una de las estructuras geológicas más importantes del satélite. Este avance ofrece información clave sobre los procesos que dieron forma no solo a la Luna, sino también a otros cuerpos del sistema solar.

La nave Orión orbitó la Luna durante siete horas, tiempo en el que la tripulación llevó a cabo la primera observación humana de este cráter de unos 950 kilómetros de diámetro. Además, esta región, ubicada en el hemisferio sur, era uno de los principales objetivos científicos de la misión.

Una formación clave para entender el pasado

La cuenca Oriental se formó hace aproximadamente 3.800 millones de años. Este periodo coincide con el llamado Bombardeo Intenso Tardío, una etapa en la que numerosos asteroides y cometas impactaron contra la Luna y la Tierra.

Según explicó la NASA, esta estructura es especialmente relevante para comprender cómo se originan los cráteres en distintos planetas. Por eso, su análisis permitirá avanzar en el estudio de la evolución del sistema solar.

Además, los tres anillos que caracterizan la cuenca se habrían formado tras el impacto de un asteroide de gran tamaño. Este choque expulsó enormes cantidades de material, que posteriormente regresaron a la superficie lunar.

Un impacto de dimensiones extremas

El evento que dio origen a la cuenca fue de una magnitud extraordinaria. Se estima que el material expulsado superó en volumen al de los Grandes Lagos de Estados Unidos en más de cien veces.

Asimismo, los fragmentos alcanzaron alturas de hasta 100 kilómetros antes de colapsar. Este proceso generó fallas profundas que atravesaron la corteza lunar hasta llegar al manto.

Con el tiempo, el material se redistribuyó formando los anillos concéntricos. De este modo, la estructura actual refleja la violencia del impacto y sus consecuencias geológicas.

Observación directa y nuevos datos

Aunque la cuenca ya había sido fotografiada por misiones anteriores, esta es la primera vez que ha sido observada directamente por astronautas. Este tipo de análisis permite identificar detalles que las cámaras no siempre captan.

Además, la tripulación ha enviado miles de imágenes y grandes volúmenes de datos a la Tierra. Estas observaciones ayudarán a mejorar la comprensión de la geología lunar.

Por otra parte, los astronautas también estudiaron otras formaciones relevantes. Entre ellas se encuentran la cuenca Hertzsprung y el remolino lunar Reiner Gamma, considerado un posible punto de aterrizaje en futuras misiones.

Un paso más hacia la exploración futura

La información recopilada servirá como base para nuevas misiones científicas. Asimismo, contribuirá a los planes de establecer una presencia humana sostenida en la Luna.

Finalmente, este avance refuerza el papel de Artemis II como una misión clave en el regreso del ser humano al entorno lunar. Su impacto va más allá de la exploración inmediata y abre nuevas posibilidades para el futuro de la investigación espacial.

El Especialito

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