Durante décadas se pensó que la genética era una especie de lotería inalterable. Los genes se heredaban y punto. La epigenética ha cambiado esa visión. Hoy se sabe que el estilo de vida puede modificar cómo se expresan los genes, sin alterar el ADN en sí. Y esas modificaciones pueden transmitirse a la siguiente generación.
Un estudio realizado en la Universidad de Ohio aporta evidencia clara sobre este fenómeno. La investigación muestra que la actividad física del padre antes de la concepción puede influir en la expresión genética de sus futuros hijos. No se trata de cambiar los genes, sino de modificar qué genes se activan y cuáles permanecen en silencio.
Cómo actúa el ejercicio sobre los genes
El mecanismo se produce a través de marcas epigenéticas conocidas como metilación del ADN. Estas marcas funcionan como interruptores que regulan la actividad genética. En el caso del esperma, el ejercicio regular modifica esos patrones de metilación, especialmente en genes relacionados con el metabolismo y la respuesta al estrés.
De esta forma, el hijo no hereda solo una secuencia genética, sino una versión de esa secuencia con ajustes previos, influenciados por los hábitos del padre. La herencia epigenética introduce así una nueva capa en la transmisión de la salud.
Evidencia experimental contundente
Los investigadores demostraron este efecto en experimentos con ratones. Los machos que realizaron actividad física regular antes del apareamiento tuvieron crías con mejor metabolismo de la glucosa y menor riesgo de obesidad. Lo más llamativo es que estos beneficios persistieron incluso cuando las crías crecieron sin hacer ejercicio.
Esto indica que los cambios epigenéticos ya estaban programados desde la concepción. El entorno posterior no anuló ese efecto inicial.
Qué significa esto para los humanos
Aunque extrapolar resultados animales siempre requiere cautela, los hallazgos coinciden con estudios humanos que muestran que hábitos como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el estrés crónico también dejan huellas epigenéticas en la descendencia.
La salud futura de un hijo no empieza únicamente durante el embarazo. Empieza antes. Las decisiones del padre en los meses o años previos a la concepción también importan.
Este enfoque cambia la narrativa tradicional sobre la responsabilidad en la salud reproductiva. La herencia epigenética sugiere que cada hábito cotidiano tiene un alcance mayor del que solemos imaginar.
Cuidar el cuerpo no es solo una inversión personal. Es una forma silenciosa de influir en la salud de quienes aún no existen, pero que un día heredarán algo más que un apellido.










