Para muchas familias, el primer día del año comienza con una regla clara: no tocar la escoba ni la lavadora. La superstición de no barrer ni lavar en Año Nuevo se repite en distintos países y culturas, y aunque hoy parezca una costumbre inofensiva, su origen está ligado a antiguas creencias sobre la suerte, la prosperidad y el miedo a perder lo poco que se tiene.
La idea central es simple. Barrer o lavar el 1 de enero equivale a expulsar la buena fortuna que acaba de llegar. En el pensamiento tradicional, la suerte no entra sola ni se queda por casualidad. Hay que cuidarla, protegerla y, sobre todo, no echarla fuera por error. En muchas casas, se cree que la escoba puede llevarse el dinero, las oportunidades o incluso la salud del nuevo año.
Esta superstición aparece en distintas regiones de Europa, Asia y América Latina. En España y varios países latinoamericanos, se repite la advertencia de no barrer durante el primer día del año. En comunidades asiáticas, especialmente en China, la tradición es aún más estricta. Durante el Año Nuevo Lunar, barrer está prohibido porque se considera una forma literal de eliminar la fortuna acumulada.
El origen de no barrer ni lavar en Año Nuevo se remonta a sociedades agrícolas donde el cambio de año marcaba un momento crítico. El invierno era sinónimo de escasez y cualquier acción simbólica tenía peso real. Limpiar significaba vaciar, perder o deshacerse de recursos. Por eso, las tareas domésticas se adelantaban al 31 de diciembre, dejando el primer día del año intacto, como una forma de respeto al ciclo que comenzaba.
Lavar ropa también entró en la lista de prohibiciones. En algunas creencias, hacerlo implicaba “lavar” la buena suerte o atraer desgracias. Otras versiones más oscuras afirman que lavar en Año Nuevo podía atraer enfermedad o luto. Aunque estas interpretaciones varían, todas comparten el mismo fondo: el temor a comenzar el año con una acción que simbolice pérdida.
Hoy, la superstición sobre no barrer ni lavar en Año Nuevo persiste incluso entre personas que no se consideran supersticiosas. Muchos la siguen “por si acaso”. No cuesta nada esperar un día más, y la posibilidad de atraer buena suerte resulta demasiado tentadora para ignorarla.
Estas creencias revelan algo esencial. El Año Nuevo no solo es un cambio de calendario, es un momento cargado de ansiedad colectiva. Entre rituales y prohibiciones, la gente intenta tener control sobre lo que vendrá. No barrer ni lavar es, en el fondo, una forma de decirle al futuro que todavía no toque nada.










